17 de enero 2006 - 00:00
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Gracias a la cumbre presidencial de noviembre Mar del Plata presenta un aspecto renovado en sus edificios y playas.
Waikiki es otro de los balnearios de moda. Este año inauguró un salón de fiestas para 300 personas (Ala Wai), conectado a un restorán con vista al mar, que permanece abierto durante todo el año. En este caso, la carpa sólo se alquila por día: cuesta $ 70 para seis personas, mientras que la sombrilla, al pie de la pileta, sale $ 50 la jornada. Del otro lado hay un solarium, con pileta climatizada, que vale $ 15 por persona. «La mayoría de los paradores tuvo que actualizarse para satisfacer la demanda de un público cada vez más exigente», acota Ramos.
Para Gabriel Bienvenitte, gerente comercial de Sea View y coordinador de promociones de seis de los 25 balnearios que tiene Punta Mogotes, «el turista ya no se conforma con las bondades de una carpa, una sombrilla a metros del mar y una cancha de voley. Hoy, el balneario que no tiene pileta y beneficios especiales para clientes corre con desventaja, porque la competencia es feroz y hay mucha oferta. El ABC1 que veraneaba hace dos años exclusivamente en el Sur hoy tiene alternativas del mismo nivel en Punta Mogotes o en Playa Grande, que vuelve a ocupar el lugar de esplendor que supo tener en la década del '60". En Mogotes, el precio promedio de una carpa oscila los $ 1.300 en enero, mientras que en un balneario top del Sur la cifra asciende a $ 2.500. Pileta, yacuzzi, sauna, masajes, aquagim, pilates, spinning, fitness, peluquería y fisoterapia forman parte de una gama de servicios que ofrecen los balnearios de elite que se extienden desde La Perla hasta el Sur, casi al límite con Chapadmalal.
• Alternativas
Para los que no pueden pagar un parador en Mogotes o el Sur, las playas camino a Santa Clara o -en el centro- las de Varese ofrecen una buena alternativa, con un precio promedio de 35/40 pesos la carpa y 30/35 la sombrilla. Si bien es cierto que no tienen los mismos servicios que las anteriores, también es verdad que regalan la mejor vista de la ciudad, que no es poco decir. Los más gasoleros, en cambio, optan por comprar una reposera ($ 50 en el centro), sombrilla ($ 35) y esterilla para la arena ($ 3) y deambulan por algunas de las playas públicas (generalmente en el centro) desde primeras horas de la mañana, en busca de la mejor ubicación.
• Moda
Sin dudas, el deporte vedette de la temporada en Mar del Plata es el spinning, que se practica sobre una bicicleta que -a diferencia de la tradicional fija- tiene tres posiciones de agarre y permite realizar cinco movimientos diferentes, incluso pararse para pedalear. Tiene manubrio de carrera, pedales con clip, asiento rebatible y carga regulable. Generalmente se practica a orillas de la costa: sobre modernas terrazas con pisos de madera o sobre la arena misma. Las clases de spinning duran 45 minutos y rondan los $ 50 por mes, tarifa que incluye tres sesiones semanales.
En La Caseta, uno de los balnearios top del Sur, funciona el Spa Omm. Clases de yoga, masajes orientales con música hindú, estética facial-corporal, masajes chinos, japoneses y tailandeses, y clases de taichi (disciplina oriental) a escasos metros del mar, entre madera y lonas blancas distribuidas en cien metros cuadrados en medio de una vegetación de pinos. «Este verano, todos los balnearios de elite tienen un profesor dedicado a cuidar la figura de sus clientes», agrega Bienvenitte, antes de acotar que «muchos sorprenden con prácticas no convencionales, como los masajes africanos que están muy de moda, que se realizan con cañitas de bambú frotadas sobre la piel untada con manteca».
Otro deporte que hace ruido en la costa atlántica es el surf. Tanto, que en este momento hay un proyecto en el Concejo Deliberante para regular su actividad. Esta temporada funcionan diez escuelas en Mar del Plata (sólo la Academia Argentina de Surf lo hace durante todo el año) cuando hace un par de años apenas existían dos. «Cada clase individual cuesta entre 25 y 30 pesos, mientras que un curso completo oscila los 300 pesos, con equipo y traje incluido», dice Felipe Rocca, joven aficionado uruguayo que despunta el vicio en Luna Roja, un parador del Sur conocido por la calidad de olas que ofrece a los amantes de este deporte. «Es un deporte caro, y a diferencia de otros rubros como un hotel, el alquiler de una casa o de una carpa, el surf cuesta lo mismo en enero, febrero u otra época del año», concluye.




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