Se hunde el
crucero ARA
General Belgrano,
tras ser
torpedeado por
el HSM Conqueror.
Quien
estaba a cargo
de su rastreo
dice que «la
tripulación del
submarino
estalló en
euforia, que
poco después
se convirtió en
congoja al
enterarnos de
que los barcos
escolta habían
huido sin
recoger a los
náufragos».
«Nunca voy a olvidarme de la cuenta regresiva hasta el impacto, el capitán diciendo ' arriba periscopio' y después ' impacto a la derecha de la popa, impacto al centro', y de inmediato escuchar la explosión... Fue como un golpe seco y un aplauso hueco, seguido de un campanilleo raro, que era el metal del barco desgarrándose. También sentimos el olor a cordita, la sustancia explosiva que subía de los tubos lanzatorpedos.»
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El párrafo está extraído de un extenso reportaje que publicó ayer el diario escocés «Scotland on Sunday» al ex submarinista Steven McIntosh, hoy oficial de la policía escocesa y encargado por aquellos días de rastrear al Belgrano. El hombre, sin embargo, se negó a responder por qué el barco fue atacado fuera de la zona de exclusión y si es verdad que estaba alejándose de ella. «El Belgrano era un blanco legítimo», se limitó a afirmar.
Agrega que el submarino HMS Conqueror estaba en condiciones de «hundir el portaaviones 25 de Mayo, pero recibimos órdenes del gobierno británico de no hacerlo. Al Belgrano lo seguimos durante una semana y pedimos permiso para hundirlo varias veces, hasta que finalmente Londres nos dio luz verde el 2 de mayo de 1982».
McIntosh tenía 17 años al momento de la Guerra de Malvinas, y relata que estaba en el cuarto de control del Conqueror. Su recuento de ese día nefasto trata, obviamente, de poner la responsabilidad del número de víctimas no en la punta de los torpedos de la Royal Navy, sino en la Armada Argentina: «Toda la tripulación del Conqueror estalló en euforia cuando hundimos el Belgrano, la que se convirtió rápidamente en horror cuando supimos que los buques argentinos que lo acompañaban habían huido, dejando que los náufragos se ahogaran».
Completa su «descargo» diciendo que el comandante del Conqueror, Chris Wreford-Brown, encabezó un rezo colectivo por los enemigos muertos poco después de que sus torpedos destrozaran el crucero argentino.
Después del hundimiento, sigue contando McIntosh, «la euforia era total» porque -asegura- habían hecho lo que les habían enseñado, según el manual ( incluyendo la maniobra evasiva). «Sólo después descubrimos que los buques-escolta habían huido sin recoger a los sobrevivientes. Uno podía saberlo con sólo ver la cara del capitán mirando por el periscopio.»
Más adelante, McIntosh admiteque «es una pena que tantos hayan perdido la vida ese día, pero sigo pensando en que eran ellos o nosotros», para casi de inmediato contradecirse: «Lo siento por esos marineros, porque eran casi todos conscriptos, y de ningún modo podían ser tan buenos como nosotros». En relación con el avistaje del 25 de Mayo, el ex marino admite que «sin dudas podríamos haberlo hundido, pero Londres dijo que no».
«Creíamos que la orden de embarcarnos era una broma de 'April Fool's Day' (el equivalente anglo del Día de los Inocentes). «De hecho, debimos esperar a varios miembros de la tripulación que no se presentaron a embarcar porque pensaron eso.» En relación con la «broma» que terminó en expedición al Atlántico sur, McIntosh recuerda que ese día «había ido a la iglesia; el día anterior había sido 1 de abril y mis hermanos -que también eran submarinistas- bromeaban diciendo que alguno de nosotros iba a ser convocado para la guerra. Cuando regresé de misa, mi padre me dijo que dos oficiales de policía habían pasado a buscarme, y habían dejado órdenes de que me presentara a la base de inmediato. Pensé, repito, que era una broma...».
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