Josef Stalin murió envenenado, debido a un complot urdido por su entorno, con Nikita Krushev a la cabeza, según un bisnieto del dictador soviético que pidió a Vladimir Putin verificar la credibilidad de esa tesis, apoyada por una cantidad creciente de historiadores.
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En una carta al presidente ruso el bisnieto de Stalin, Iakov Dzhugashvili, de 33 años, pintor en Tbilisi, la capital georgiana, sostuvo que en marzo de 1953 "en la Unión Soviética hubo un golpe de estado organizado por Krushev".
"Les pido aclarar las circunstancias de la muerte de mi bisabuelo", escribió en la carta a Putin el pintor, que desciende de Iakov, el hijo de Stalin muerto prisionero de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
La hipótesis del complot y el asesinato de Stalin reaparece periódicamente en Rusia, donde su figura sigue siendo una suerte de molesto icono aún venerado, sobre todo entre la franja menos instruida de la población.
El historiador Addurakhman Avtorkhanov escribió numerosos volúmenes sobre la presunta conjura contra Stalin que Krushov habría organizado en combinación con el jefe de los servicios secretos Lavrenti Beria, y con el futuro premier Gheorghi Malenkov.
Otro historiador, Nikolai Dobriukha, también defiende esa teoría, afirmando que hasta pocos días antes de su muerte Stalin rebosaba de salud, y que Beria era un experto en toxicología.
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