31 de marzo 2015 - 20:58

Poco tránsito y negocios cerrados por paro opositor

El paro dejó las calles porteñas casi desiertas.
El paro dejó las calles porteñas casi desiertas.
El paro convocado por los sindicatos de transporte, al que se sumaron distintos cortes y piquetes en los accesos, dejó a la ciudad de Buenos Aires casi paralizada.

La ausencia total de colectivos y la escasa circulación de taxis en las calles desiertas para quienes tenían la posibilidad de desplazarse a sus puestos de trabajo en auto, aunque sólo a aquellos que no debían cruzar el espinoso límite entre la Capital y la Provincia.

Allí, partidos y agrupaciones de izquierda que se sumaron a la huelga realizaron cortes en la Ruta Panamericana, en Puente Pueyrredón, sobre la Autopista Buenos Aires-La Plata y en el Acceso Oeste. En la Ciudad, la mayor concentración de manifestantes se movilizó e la esquina de Av. Corrientes y Callao.

El caudal del tránsito fue menor al de los domingos, incluso, en las primeras horas, menos intenso que el de un día feriado. Periodistas de este medio fueron el testimonio directo: recorrridos que llevan alrededor de una hora un día normal se podían completar en apenas 20 minutos.

Taxis y remises sufrieron impedimentos adicionales: en primer lugar, el anunciado paro de la estaciones de servicio derivó en largas colas de vehículos desde el lunes a la noche que dejaron los surtidores sin combustible. Para sumar más incertidumbre, durante las primeras horas de la madrugada llegaron noticias sobre algunas agresiones a choferes que pretendían salir a la búsqueda de pasajeros.

Se conoció que al menos seis fueron amenazados y obligados a hacer descender a los viajeros en la esquina de Av. Córdoba y Pueyrredón.

Sin trenes ni líneas de subtes, sin funcionamiento de bancos, las arterias porteñas parecen, de una vez por todas, el escenario ideal para los ciclistas. Pero tampoco son multitud. La cruda realidad es que no hay dónde ir: muchos bares y restaurantes, refugio elegido por los porteños en horas de la mañana, amanecieron con las persianas bajas y, en ocasiones, por el paro de recolectores, con montañas de residuos en sus puertas. Negocios tradicionales de barrios comerciales -como el Centro, Belgrano y Palermo- se unen al silencio.

Incluso las escuelas, que mantienen sus puertas abiertas pese a que no se garantiza el dictado de las horas de clases, reciben sólo tímidas visitas de padres que se acercan en auto o a pie.

El golpe del paro se sintió fuerte en los comercios minoristas. Según estimaciones de ámbito.com, las pérdidas sumarán, al menos, unos 3.000 millones de pesos. Es que, de acuerdo a las cifras de la Confederación de la Mediana Empresa (CAME), uno de cada dos comercios no va a abrir y los que abren venderán un 60% menos.

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