17 de enero 2008 - 00:00
Surge nueva ola de femmes fatales cazadoras de poder
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Naomi Campbell, Carla Bruni y Cecilia Bolocco.
En este punto, cabe un homenaje a la precursora e ícono de este tipo de carreras: la preciosa Grace Kelly, estrella rutilante en el firmamento hollywoodense que dejó el cine para convertirse en princesa de Mónaco, casándose con Rainiero Grimaldi III. Cuando se vuelven a ver sus películas, es inevitable sentir nostalgia ante las muchas buenas actuaciones que no veremos por algo que las malas lenguas aseguran no fue más que una mise en scène, un salvataje para un mini Estado en problemas. Una alianza que, además de devolverle brillo y atractivo al principado, les proveyó a los Grimaldi la amistad de una gran potencia. Grace fue sin dudas la mejor, la más elegante. Y profesional hasta el fin, trágico y prematuro por cierto, cuando aquel 13 de setiembre de 1982 el Rover que conducía se desbarrancó en la Riviera francesa, el escenario natural que más la vio actuar.
La escultural Naomi Campbell, otra top model que busca reconvertirse en la política, parece más coherente que Carla, puesto que tiende su espinel a la izquierda, como corresponde a sus declamadas convicciones progresistas. Pero el encandilamiento con el poder es el mismo. A través de ese prisma, el presidente venezolano, Hugo Chávez, fue visto como un toro, aunque él mismo había preferido alguna vez compararse con un loro. Una entrevista bastó para que arrecien los rumores de enamoramiento y romance. Producto emblemático del muy capitalista mundo internacional de la moda, la mannequin británica tiene, sin embargo, veleidades socialistas, aunque no les hace asco a sus versiones autoritarias. Visitó Cuba y lógicamente recaló luego en Caracas. Como el líder máximo, Fidel Castro, ya no está para lides amatorias, es natural que se apunte hacia su heredero político.
Ahora bien, más consecuente aún fue la ex Miss Universo y presentadora de televisión, la chilena Cecilia Bolocco. Admiradora de la derecha de su país, acabó casada con el ex presidente argentino Carlos Menem -cuando éste era todavía un candidato con posibilidades de volver a la Casa Rosada- previo amague con el entonces presidente del Perú, Alberto Fujimori. El medio fue el mismo del que hoy se sirve la Campbell: una suerte de periodismo a mitad de camino entre lo serio y lo frívolo. Una entrevista, en agosto de 1999, con el «Chino» Fujimori en Lima, un paseo, una cena a solas.
Pero los atractivos de Menem pudieron más. En su sueño de llegar a primera dama, la chilena soportó incluso la prisión domiciliaria del hombre con el cual se casó en mayo de 2001, pero el sueño se truncó en 2003 y con la declinación política llegó también la del amor. La fama de inconstantes -por decirlo elegantementede mujeres como la Bruni hace temer a los franceses por la estabilidad afectiva de su presidente, ya maltratado por la dura y fría Cecilia Ciganer-Albéniz que, a la infidelidad, sumó el abandono. Si el romance con Naomi quedase en mero rumor, Hugo Chávez sería uno de los pocos número uno todavía disponibles. Falta saber si, como Sarkozy, el hombre ha llamado a licitación o si, en cambio, prudente, prefiere la tranquilidad de la soltería.
Para él y para otros blancos de interés, no está de más el consejo discepoliano: «Cuídense porque andan sueltas».



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