Lucía Bellocchio, la experta argentina en Smart Cities que humaniza a la tecnología

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"Todos hablan de Smart Cities, pero la verdad es que ninguna ciudad se vuelve inteligente de un momento a otro", dice la abogada experta en ciudades inteligentes, nacida en San Pedro hace 30 años.

Inteligente supone la capacidad de inteligir. El verbo proviene del latín y significa entender, en el sentido de elegir correctamente entre alternativas. Es, en definitiva, algo similar a clasificar, pero con el agregado de que, una vez hechas las distinciones pertinentes ante un problema específico, una entidad inteligente es la que sabe escoger el mejor camino a la solución.

Lucía Bellocchio (San Pedro, 30) es experta en Smart Cities (ciudades inteligentes). Sería un lugar común decir que ella fue construyendo su camino con inteligencia, pero no por trillado resultaría menos cierto; tanto como que, hace cuatro años, para despegar del Poder Judicial porteño y emprender su actual travesía, esta abogada curiosa necesitó, por supuesto, una buen dosis de audacia.

En sus conferencias, clases magistrales y asesorías (N de R: Bellocchio es directora de la diplomatura en Smart Cities de la Universidad Austral) ella suele advertir, con tono pedagógico y sin perder jamás la sonrisa, que el término Smart City tiene, hoy día, mucho de marketing. Por eso, sobre todo cuando hace foco en países emergentes, usa esa etiqueta con pinzas.

“Todos hablan de Smart Cities, pero la verdad es que ninguna ciudad se vuelve inteligente de un momento a otro. A veces me llaman de un municipio y me dicen ‘queremos ser una ciudad inteligente’ y yo les explico que para eso hacen falta muchas condiciones. Además, no me parece justo comparar Australia o Canadá con Argentina. Cuando asesoro a organizaciones en América Latina, me gusta más pensar en soluciones concretas o proyectos que sean inteligentes o innovadores. Quizá, si sumamos muchos de esos, una ciudad termina siendo Smart”.

Charlemos, pues, vía remota, aunque más no sea, con esta fiel exponente del talento argentino desplegado por el mundo, que ahora regala simpatía en Varsovia desde donde, junto a su esposo, festeja los cuatro meses de su pequeño Tom.

Periodista: El año pasado Varsovia fue distinguida por la Unión Europea (UE) con un premio por su accesibilidad. ¿La capital de Polonia es una ciudad inteligente?

Lucía Bellocchio: Bueno, la verdad que sí, o al menos tiene rasgos propios de un desarrollo bien diseñado. Por ejemplo, me llamó la atención desde que llegamos la cantidad de empresas que ofrecen carsharing. Por cuadra hay autos de, por lo menos, 3 marcas, incluso algunos de alta gama y grandes, no pequeños como los típicos Smart que se ofrecen en toda Europa. Es evidente que hay mucha demanda, y las dos empresas fuertes que veo son Innogy go y Panek. Es tremenda la presencia que tienen. La gente las usa muchísimo. Además, toda la ciudad está pensada para moverse en bicicleta y caminando. De hecho, en la calle está señalizado por dónde tienen que caminar los que van mirando el celular.

P.: ¿O sea que, más allá de caminar y andar en bicicleta, en la capital de Polonia hay quien alquila un auto para hacer un trayecto corto, pero prefiere un vehículo tipo sedán, e incluso de lujo?

L.B.: Bueno es que en Polonia generalmente las familias tienen varios hijos. El Estado incentiva eso mediante un subsidio. Entonces, supongo que muchos eligen autos 4 puertas con espacio para cargar a la familia completa. Se ven en la ruta también, así que no sólo los eligen para la ciudad. Si bien en toda Europa el carsharing es tendencia, ¡acá en Varsovia es mega tendencia!

P.: En nuestros países, a veces, pensar en ciudades inteligentes suena osado o ingenuo. Hablando de movilidad, en CABA una de las variables que las empresas de monopatines no habían considerado fue el robo o el vandalismo…

L.B.: Bueno, eso es una realidad, y también a veces no se prevé cómo encuadrar la actividad en la regulación. Por ejemplo, yo estaba en San Pablo el día en que la Justicia determinó que levantaran todos los monopatines de la vía pública porque no estaban regulados. ¡Me acuerdo que hice unas fotos increíbles, mostrando a los camiones de prefectura que cargaban decenas de monopatines así, de un momento a otro! Ese día fue un caos. Después encontraron la forma de que volvieran a la actividad, pero bueno, fue un poco intempestiva la acción. En este tipo de innovación suele ocurrir que los hechos van muy por delante de la normativa.

P.: Algo parecido ocurrió con UBER, ¿no?

L.B.: Totalmente. En Buenos Aires y en varias ciudades del mundo la discusión era si entraba en la vieja regulación o había que hacer una nueva. Y todavía en algunos lugares se discute cómo regularlo.

P.: Al mismo tiempo, supongo que no es fácil intentar que una ciudad sea inteligente cuando ni siquiera es caminable, por la inseguridad. ¿Conociste casos así?

L.B.:Sí, claro. En El Salvador, desde que uno baja del avión son los propios residentes los que te aconsejan que te subas a un auto y así te traslades hasta el hotel, pero que no camines. Las maras salvadoreñas son un fenómeno de inseguridad y violencia conocido mundialmente. Uno ve todo el tiempo militares en la calle, con armas largas, y, por supuesto, esa clase de experiencia no tiene nada que ver con lo que se busca al pensar una ciudad inteligente.

Lucía Bellocchio Estonia
Bellocchio recorrió las principales ciudades digitales del mundo. Estonia es el país más digital del mundo.

Bellocchio recorrió las principales ciudades digitales del mundo. Estonia es el país más digital del mundo.

No es casualidad que a Lucía le importe esa difícil amalgama entre los nuevos abordajes de la vida en la ciudad, y problemas humanamente complejos y de larga data en estas latitudes, como la pobreza, la marginalidad, la exclusión o la violencia.

Para comprender su perspectiva sobre las Smart Cities hay que recordar que su primera experiencia de trabajo fuera de Argentina se dio ni más ni menos que en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Costa Rica.

Concurriendo a las audiencias de la región, Bellocchio conoció varios países de Centroamérica, y luego vivió en La Habana. Nobel abogada con grandes méritos académicos, se formó con solidez elaborando sentencias que condenaban a diversos países por violación de Derechos Humanos. “Cada caso, en la Corte, me conmovía muchísimo. Es muy difícil la objetividad de la Justicia cuando escuchás 3 horas a una madre que explica cómo mataron a su hijo” reflexiona.

La experiencia de la CIDH la marcó de tal modo que, junto con Alfonso Santiago (director de la Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Austral) escribieron y publicaron la historia de ese organismo, en un libro que fue presentado a fines del 2018.

Pero, en paralelo, a Lucía le iban interesando cada vez más las ciudades; su transformación digital primero, y la adecuación de la tecnología a los habitantes después.

Haciendo foco en la temática, algunos números bien valen para justificar la inquietud: la ONU estima que para dentro de 30 años, el 75% de los seres humanos vivirá en conglomerados urbanos. Al mismo tiempo, hoy las grandes ciudades del mundo se concentran sólo en el 2% de la superficie del planeta, pero consumen el 78% de la energía que se produce, mientras que dañan el medio amiente en un 60% sobre el total de la contaminación mundial.

En ese marco, Bellocchio acaba de ser distinguida como una de las 50 mujeres líderes del Cono Sur, por la ONG Voces Vitales. El premio es consecuencia de haber reunido su compromiso con lo más esencial de las personas, y la pasión por descubrir innovación allí donde la tecnología tiene escala humana.

P.: Hablemos de Trend Smart Cities y cómo la innovación social puede calar en América Latina.

L.B.: Trend Smart Cities es la consultora que lanzamos este año, con la idea de asesorar a organizaciones públicas y privadas en el desarrollo de proyectos de ciudades inteligentes. Lo que yo suelo explicar en esto es que, muchas veces, para mejorar la calidad de vida de las personas no hace falta un gran desarrollo tecnológico.

Por ejemplo, y siguiendo con la movilidad urbana, hubo una experiencia en Cuba que me marcó muchísimo. Viviendo allá, yo usé una app que es como el Uber cubano. Y a pesar de todas las dificultades técnicas, y de que los autos son muy antiguos, la verdad es que funciona. De la misma manera, a veces comprender la técnica de la innovación te hace pensar: una vez, quería ir a la parte más vieja de La Habana, y no sabía cómo, y los vecinos me indicaron que en ciertas esquinas paran unos autos que hacen recorridos cortos, compartidos.

Para que te lleven, hay dos señas con la mano que los conductores y pasajeros hacen y hay que conocer: una indica que el auto sigue derecho por la avenida 10, la otra dibuja una curva. Todos saben eso, y funciona. Bueno, eso es carpooling, otra de las grandes tendencias del primer mundo, sólo que sin la tecnología. O sea, ser argentina y haber vivido en muchas ciudades de muy distinto nivel me permite tener una mirada realista cuando pienso en soluciones para mejorar la vida urbana.

P.: ¿Y qué clase de alternativas deberíamos tener en cuenta para mejorar las ciudades en Argentina y la región?

L.B.: Bueno, en principio es importante entender que la tendencia clara es que cada vez vivamos más apretados, porque las ciudades concentran las oportunidades de trabajo, de estudio y de esparcimiento. Pero, al mismo tiempo, queremos vivir bien. Las ciudades tienen que ser vivibles, digamos. Y la calidad de vida depende de la contaminación, del nivel de ingresos, de la salud en sentido amplio, etcétera.

Por ejemplo, ahora se habla de la ciudad de los 15 minutos, en el sentido de que la vida urbana tiene que poder realizarse caminando y teniendo lo que necesitamos más o menos cerca. O sea, una de las cosas que más se ve es que vamos eliminando el auto en la ciudad, para combatir el sedentarismo y mejorar la calidad del aire que respiramos.

Pero, al mismo tiempo, a la ciudad le pedimos todo: que nos entretenga, que podamos estudiar, trabajar, que tengamos espacios verdes… Y en definitiva por eso sin planificación es muy difícil resolver problemas urbanos. Creo que hay que pensar qué queremos de nuestras ciudades, y darle participación a la ciudadanía, para luego ir a la acción y tomar decisiones.

Pensar en el futuro es, casi siempre, caer en paradojas e incertezas. Por estos días Lucía Bellocchio estudia el debate entre urbanistas destacados que discuten cómo distribuir los recursos en las ciudades. Según ella, hay quienes creen que lo mejor es planificar entramados temáticos (una para la administración pública, como el caso de Brasilia; otra, universitaria, otra industrial) y otros, por el contrario, entienden que hoy día lo mejor es que los habitantes de las urbes encuentren todo lo que necesitan lo más integrado y cerca posible.

Dejando el contrapunto de lado, sobre el final de la conversación es inevitable impregnarse de cierta nostalgia, aun cuando añoremos lo que apenas conocemos. Porque, después de todo, basta alejarse un poco del Obelisco para descubrir cómo en los pueblos argentinos la gente se mueve en bicicleta o caminando, y tarda quince minutos de la casa a la plaza.

A lo mejor es cuestión de tomar la decisión y agarrar el auto. Quién sabe, un día de estos desembocamos en San Pedro, ciudad y pueblo natal de Lucía, y de tanto pescar en el Paraná, nos animamos a cambiar de vida.

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