11 de mayo 2004 - 00:00

Fiscales sin jefe

Es un dato grave que en un país donde las investigaciones judiciales están en manos de los fiscales, tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires -la más golpeada por la inseguridad-, las fiscalías estén virtualmente acéfalas. A paso lento (hoy cierra el período para presentar impugnaciones), avanza en el Congreso nacional la designación de Esteban Righi como procurador general de la Nación. En Buenos Aires, en tanto, tras la muerte de Eduardo Matías de la Cruz, se desató una pulseada, cruzada por las tensiones políticas y la crisis entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, para definir quién será el futuro jefe de los fiscales bonaerenses.

Esteban Righi
Esteban Righi
Al tiempo que el pliego de designación de Esteban Righi como procurador general de la Nación avanza a paso lento en el Congreso -hoy vence el plazo para presentar impugnaciones-, en Buenos Aires se detonó una silenciosa batalla por apropiarse del sillón de jefe de los fiscales.

El cargo quedó vacante tras la muerte, hace diez días, de Eduardo Matías de la Cruz. De inmediato, se sucedió una lluvia de operaciones para instalar candidatos que lo sucedan como procurador de la Corte bonaerense. La pulseada por garantizarse el dominio de esa herencia no está exenta del forcejeo político.

• Imprescindible

La Procuración es, de por sí, una oficina clave. Y adquiere carácter de imprescindible en el marco de la tensión entre Olivos y Lomas de Zamora. Nadie olvida, sea cierta o no, la amenaza que se atribuye a Néstor Kirchner de desatar una ofensiva judicial contra dirigentes bonaerenses.

En rigor, el procurador ordena y coordina todas las investigaciones judiciales en la provincia. Es el comandante del ejército de 400 fiscales que -excluyendo a los federales- actúan en Buenos Aires. Y la fortuna, buena o mala, de cada pesquisa depende de su firma.

Es un motivo más que suficiente para que el peronismo, en sus diversas ramificaciones, haya incorporado a su temario cotidiano de diseño de tácticas, estrategias y maniobras, todo lo que apunte a incidir en la trama de la sucesión de De la Cruz.

Al punto que quedó casi olvidado el debate sobre quién ocupará otra vacante sensible en la Justicia: la butaca que, jubilación mediante, dejó huérfana
Juan Manuel Salas en la Suprema Corte provincial. Hasta hace dos semanas, era tema obligado; ahora lo es la Procuración.

• Audiencias

En las próximas horas, Felipe Solá firmará el decreto que reglamenta un nuevo régimen de selección del procurador y los integrantes de la Corte: es un modelo de audiencias públicas e impugnaciones similar al que el gobierno nacional estrenó con Eugenio Zaffaroni.

De algún modo, según el argumento que se difunde desde La Plata, ese régimen de selección clausura la alternativa de que se proponga o se designe a un funcionario que no sea «apto» para el cargo. No agregan, en voz alta al menos, ningún nombre en ese casillero.

Lo cierto es que el próximo procurador bonaerense -así como el cargo que dejó vacante Salas en la Suprema Corte de Justicia provincial- será designado mediante ese esquema que se diseñó desde el Ministerio de Justicia que comanda
Eduardo Di Rocco.

• Preferencias

Solá, dicen quienes tratan a diario con él, todavía no tiene candidato. Tiene preferencias. Es inevitable que, ante cada cargo libre ligado a lo judicial, en la Casa de Gobierno se mencione a un amigo del gobernador: Joaquín Da Rocha, hoy delegado del PEN en el Consejo de la Magistratura.

Da Rocha, íntimo además de la vice
Graciela Giannettasio, una duhaldista de sangre azul, podría ser una figura útil para contribuir al frágil equilibrio del peronimos de Buenos Aires.

Pero en lista figuran nombres de todo «pedigrí»: los supremos
Eduardo De Lázzari y Daniel Soria; los fiscales generales de Quilmes Marcelo Draggi y de La Plata Héctor Vogliolo, y el subprocurador Juan Angel de Oliveira integran el festival de postulados.

También aparecen el juez federal
Alberto Durand, Guillermo Moreno -funcionario de la Procuración que estuvo al frente de la Oficina Anti Corrupción- y la diputada duhaldista María del Carmen Falbo, otro apellido recurrente a la hora de postular para sillones judiciales.

Y dos figuras más que, no sin malicia, alguien agregó a la nómina: el ahora kirchnerista
Marcelo Saín y Alberto Beraldi, mano derecha de León Arslanian, que fue ministro de Seguridad por unas horas y ahora se quedó a cargo del estudio de socio jurista.