Durante años, la idea de que en cada familia hay un hijo preferido circuló como un comentario incómodo. Muchos lo tomaron como un mito o una exageración. Pero hoy, distintas investigaciones se enfocaron en ese tema y los resultados confirman una cruda verdad.
El "hijo favorito" existe y deja marcas permanentes, según la ciencia
Estudios internacionales analizaron la crianza y el trato diferencial, que revelaron tener efectos en la salud emocional.
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La ciencia confirmó que el "hijo favorito" es real y afecta la salud mental.
La ciencia resalta que la inclinación hacia uno de los descendientes es mucho más frecuente de lo que se admite. Además, advierten que la percepción de esa desigualdad puede influir en el bienestar psicológico a largo plazo.
La explicación desde el punto de vista científico
Un informe difundido por el diario The New York Times recopiló resultados de estudios realizados en Estados Unidos y Europa. Ahí se observó que muchos padres manifiestan, de forma indirecta, mayor afinidad con uno de sus hijos.
Una de las investigaciones más extensas fue dirigida por la socióloga J. Jill Suitor, de la Universidad de Purdue. Durante años siguió a unas 500 familias y detectó que cerca de dos tercios de los adultos reconocían cierto favoritismo, aunque no siempre de manera explícita.
Un análisis publicado en Psychological Bulletin y encabezado por Alexander C. Jensen y McKell A. Jorgensen-Wells, revisó más de 30 trabajos previos con casi 20.000 participantes de América del Norte y Europa Occidental. En esta oportunidad se confirmó una leve inclinación hacia las hijas en los reportes de los padres. También se registró que los hermanos mayores tienden a recibir mayores niveles de autonomía y que rasgos como la responsabilidad o la amabilidad generan un impacto positivo.
Los especialistas coinciden en que no existe una sola causa. Influyen el género, el orden de nacimiento, la personalidad y el contexto familiar. Lo fundamental de esta actitud se basa en cómo cada chico interpreta el trato recibido. Quienes se sienten relegados suelen presentar más síntomas de ansiedad, tristeza y conflictos en sus relaciones.
Desde la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, el investigador Martín Etchevers explicó que la mayor sintonía con uno de los hijos no implica querer más a uno que a otro. A veces, la conexión se genera por afinidad de carácter o por un menor nivel de conflicto cotidiano. También señaló que la negación es habitual, ya que admitir diferencias genera culpa.
La importancia de los vínculos
En el ámbito clínico, la psicoanalista Fernanda Rivas, integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina, planteó que en la crianza siempre existe una cuota de idealización hacia los hijos. Cuando ese reconocimiento falta o se percibe como desigual, pueden quedar huellas en la autoestima.
Los celos entre hermanos no surgen solo por lo que uno recibe y el otro no. Muchas veces se vinculan con la sensación de injusticia. Si esa percepción se mantiene en el tiempo y no encuentra una explicación, puede instalar la idea de menor valoración personal.
Los especialistas remarcan que la igualdad absoluta es difícil en la vida cotidiana. Pero de todas formas el reconocimiento de las diferencias ayudan a construir lazos más saludables y a evitar que esas marcas se prolonguen en la adultez.
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