21 de enero 2026 - 09:30

Por qué caminar descalzo en la arena es beneficioso y cómo ayuda a tu salud

Más allá del placer del verano, caminar sin calzado sobre la arena activa músculos, estimula el cuerpo y puede aportar beneficios.

Caminar descalzo por la playa es una práctica habitual del verano que puede influir en el cuerpo según cómo y cuánto se haga.

Caminar descalzo por la playa es una práctica habitual del verano que puede influir en el cuerpo según cómo y cuánto se haga.

Pixabay

Caminar sin zapatillas por la playa no es solo una postal de verano: también pone a trabajar un sentido clave, la propiocepción, que le avisa al cerebro cómo se mueve el cuerpo. Cuando el suelo es irregular, esa “comunicación” se activa más y el paso cambia por completo.

Ahora bien, la arena no se comporta siempre igual. La blanda exige más esfuerzo para sostener la estabilidad, mientras que la de la orilla resulta más firme pero suma un detalle que muchos subestiman: la inclinación del terreno, que puede desacomodar el apoyo de las piernas si caminás mucho tiempo.

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En verano, la arena funciona como una superficie inestable que obliga al pie a adaptarse y puede sumar estímulos al caminar

En verano, la arena funciona como una superficie inestable que obliga al pie a adaptarse y puede sumar estímulos al caminar

Beneficios de caminar descalzo en la arena

Uno de los puntos fuertes es el trabajo muscular. La arena, sobre todo la blanda, ofrece resistencia natural y obliga a que los músculos del pie y de la parte baja de la pierna se activen más para mantener el equilibrio. Eso puede servir para fortalecer y tonificar, siempre que se haga de manera progresiva.

También cambia el gasto de energía. Al hundirse el pie y tener que empujar contra una superficie inestable, caminar la misma distancia demanda más esfuerzo que hacerlo en un piso duro. Además, el contacto directo con la arena puede generar un efecto de masaje y una exfoliación suave en la planta, algo útil para la piel reseca típica de la playa.

El tercer beneficio aparece en la sensación corporal. La planta del pie recibe muchos estímulos y eso mejora la atención sobre dónde y cómo pisamos. Sumado al entorno (ruido del mar, ritmo más calmo), el paseo suele funcionar como un cierre antiestrés, ideal para bajar un cambio después de un día largo.

Consejos para evitar inconvenientes al caminar descalzo en la arena

Lo primero es elegir bien el momento y el lugar. Conviene evitar las horas centrales del día por la temperatura de la arena y por el sol: los pies también se queman, así que vale la pena usar crema solar en el empeine. Si vas a caminar, arrancá con trayectos cortos y aumentá de a poco.

Ojo con la superficie. La arena blanda puede ser aliada para entrenar, pero también exige más a la zona posterior de la pierna y a la planta del pie: si sentís molestias, bajá la intensidad. En la orilla, en cambio, la firmeza ayuda, pero la inclinación puede desbalancear el cuerpo si caminás siempre para el mismo lado.

Por último, mirá dónde apoyás y cómo queda el pie después. En la arena puede haber objetos que lastimen, y al terminar es común que la piel quede seca: una buena hidratación nocturna suma. Si tenés antecedentes de fascitis plantar, dolor en el tendón de Aquiles o un tipo de pisada que se sobrecarga fácil, lo más prudente es consultar antes de convertirlo en rutina.

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