25 de febrero 2026 - 21:30

Por qué las abejas están más activas en verano y para qué sirve tener plantas nativas en tu jardín

El calor, la floración y la biodiversidad explican su presencia y el rol clave de especies autóctonas en patios y balcones.

Crece la cantidad de abejas que se ven en verano y hay una explicación científica.

Crece la cantidad de abejas que se ven en verano y hay una explicación científica.

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Durante el verano, muchas personas notan un zumbido más frecuente en patios, terrazas y plazas. Las abejas parecen multiplicarse y su presencia genera reacciones diversas, desde fascinación hasta temor. Sin embargo, lejos de ser una amenaza en la mayoría de los casos, su actividad intensa responde a un ciclo natural vinculado al clima y a la disponibilidad de flores.

Las altas temperaturas y la mayor cantidad de horas de luz impulsan la floración de numerosas especies vegetales. Ese escenario es ideal para que estos insectos trabajen a pleno. En términos simples, más flores significa más alimento, y eso se traduce en colmenas en movimiento constante.

En paralelo, crece el interés por incorporar plantas nativas en jardines urbanos. No es solo una moda verde, ya que detrás hay fundamentos ecológicos concretos. La relación entre abejas y flora autóctona explica por qué cada vez más especialistas recomiendan mirar hacia lo local cuando se trata de diseñar espacios verdes.

Abejas sin aguijón

Por qué las abejas están más activas en verano

El verano marca el pico de actividad para muchas especies de abejas. Con temperaturas elevadas, su metabolismo se acelera y las colonias intensifican la recolección de néctar y polen. Ese alimento no solo sirve para producir miel, sino también para alimentar a las larvas y sostener la estructura interna de la colmena.

En esta época, además, florecen árboles y plantas ornamentales muy presentes en ciudades argentinas, como lavandas, romeros o tilos. Ese buffet natural explica el ir y venir constante que se observa en jardines y balcones. La abundancia de recursos dispara la actividad y puede dar la sensación de que hay más abejas que en otros momentos del año.

También influye el ciclo reproductivo. Durante los meses cálidos se desarrollan nuevas generaciones, lo que incrementa el número de individuos en circulación. A eso se suma que, en ambientes urbanos, las fuentes de agua, desde piletas hasta bebederos, resultan atractivas para las colonias.

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Aunque su presencia puede inquietar, los especialistas recuerdan que las abejas no suelen atacar si no se sienten amenazadas. El consejo es evitar movimientos bruscos y no intentar ahuyentarlas con golpes. En la mayoría de los casos, están concentradas en su tarea.

Las abejas son un buen augurio

Más allá de la biología, las abejas también cargan un simbolismo positivo en distintas culturas. Se las asocia con trabajo, cooperación y prosperidad. En ámbitos rurales, su presencia en un terreno suele interpretarse como señal de ecosistema saludable.

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Desde el punto de vista ambiental, su rol es central. Son responsables de la polinización de una gran proporción de cultivos y plantas silvestres. Sin ese proceso, la producción de alimentos como frutas, verduras y semillas se vería seriamente afectada.

Sin embargo, la disminución de hábitats naturales, el uso de agroquímicos y el cambio climático impactan en sus poblaciones. La mayor actividad en verano no implica que su situación global esté resuelta; al contrario, abre preguntas sobre cómo sostener esa biodiversidad en el tiempo.

Una gran relación: para qué sirven las plantas nativas

Las plantas nativas cumplen un papel clave en este entramado. Al haber evolucionado en el mismo territorio que las abejas locales, ofrecen néctar y polen en momentos y condiciones que encajan con sus necesidades. Es una especie de alianza natural que se fue ajustando durante miles de años.

En Argentina, especies como el ceibo, la salvia guaranítica o distintas variedades de chilca aportan recursos valiosos para polinizadores. Incorporarlas en jardines o balcones no requiere grandes extensiones de tierra: incluso en macetas pueden generar un microambiente favorable.

Además, estas plantas suelen demandar menos riego y adaptarse mejor al clima regional. Eso reduce el mantenimiento y favorece prácticas más sostenibles. Elegir flora autóctona fortalece la biodiversidad urbana, algo cada vez más relevante en ciudades densamente construidas.

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