A 75 años del primer acoso a judíos
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El Partido Nazi llamó al boicot ya el 28 de marzo y había pedido que éste llegase hasta el último rincón del país.
Como coordinador del sabotaje, fue nombrado Julius Streicher, director del periódico «Der Stürmer», un órgano clave de la propaganda nacionalsocialista.
Los nazis justificaron el boicot aludiendo a una supuesta campaña en contra de Alemania, presuntamente organizada por los judíos mediante su influencia en la prensa extranjera.
El boicot, en el que también las personas que como muestra de solidaridad entraron a comprar en tiendas judías fueron atacadas, había sido planificado como algo ilimitado.
Aunque tras algunas reacciones internacionales como la de Estados Unidos que amenazó con romper las relaciones comerciales con Alemania, el boicot se dio por terminado, el 1 de abril fue el comienzo de una serie de medidas de represión que se fueron haciendo cada vez más duras.
Apenas seis días después del complot, los nazis hicieron aprobar una ley por medio de la cual todos los empleados públicos de origen no ario eran apartados de inmediato del servicio, lo que afectó, entre otros, a profesores universitarios y maestros.
La ola de leyes discriminatorias siguió y el 22 de abril se prohibió a los judíos ejercer la medicina y llevar farmacias. Tres días después se establecerían restricciones a los judíos para el ingreso en colegios y universidades.
A partir de mediados de 1933 las obras de arte y los libros de autores y artistas judíos empezaron a ser retirados de los museos y de las bibliotecas públicas y las calles que llevaban nombres de personalidades judías cambiaron de nombre.
En los años posteriores, el acoso a los judíos continuaría.
En 1935 se aprobaron las tristemente célebres leyes de Nuremberg, que prácticamente quitaban a los judíos toda posibilidad de trabajo legal, y en 1938, con el pogromo del 9 de noviembre -conocido como «la noche de los cristales rotos»- se llegaría a un punto de no retorno.




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