3 de junio 2005 - 00:00

Ahora resulta que todos conocían este secreto

Ahora resulta que todos sabían quién era «Garganta profunda». A medida que van conociéndose testimonios -el más importante, la nota de ayer en «The Washington Post» de Bob Woodward que se reproduce aparte- el nombre de Mark Felt en realidad reaparece en los relatos sobre el caso Watergate. Este agente era el número 3 del FBI cuando filtró información del caso a la prensa y siempre figuró en el relato del episodio como sospechoso de haber hecho eso nada menos que para el propio Richard Nixon.

El testimonio lo da un fragmento de las famosas conversaciones de Nixon con su jefe de asesores, Robert Haldeman, del día 19 de octubre de 1972, en plena tormenta política

Nixon: Si ellos (los periodistas) tienen una fuente del FBI, ¿por qué (Patrick) Gray (director del FBI) no nos dice qué nos espera? ¿Me explico, no?

Haldeman:
Sabemos qué nos espera. Y sabemos también cuál es la fuente.

N.:
¿Alguien del FBI?

H.:
Sí, señor: Mark Felt. Usted no puede decir nada porque mataría nuestra fuente de información y eso sería grave. (John) Mitchell (procurador general, dependencia que controla el FBI) es el único que sabe eso y también cree que no tenemos que hacer nada con eso porque...

N.:
¿Hacer algo? Ni pensarlo...

H.:
Si avanzamos sobre él, se va a ir y va a revelar todo. El sabe todo lo que hay que saber en el FBI. Tiene acceso a absolutamente todo.(...)

N.: ¿Es católico?

H.: (no se entiende) es judío...N.: ¡Cristo! ¿Pusieron a un judío allí?

H.: Bueno, eso explicaría todo.


Era conocido el antisemitismo de Nixon, que en este caso se agrava con el ridículo, porque Felt no es judío
.

• Anécdota

Estas expresiones de Nixon se conocieron en 1999 cuando se editó el volumen con la transcripción de esos diálogos. Ese año el debate sobre quién era «Garganta profunda» estaba en el tapete por una anécdota que ilustra acerca del absurdo que a veces rodea esos temas. Un periodista de 19 años del pueblo de Port Chester, estado de Nueva York, había dicho también que «Garganta profunda» era el ex agente Felt. ¿Cómo lo supo? Chase Culeman-Beckman, que de él se trata, dijo habérselo escuchado al hijo del socio de Woodward, Carl Bernstein, once años antes, es decir en 1978, cuando compartieron un campamento juvenil.

El niño
Jacob Bernstein, según ese cronista de provincias, le había dicho cuando tenía 8 años que «'Garganta profunda'» era Mark Felt, alguien del FBI, estoy 100% seguro». No dio más detalles, pero quien amplió las especulaciones fue la entonces esposa de Bernstein, la escritora y cineasta Nora Ephron ( conocida por sus comedias románticas «Sintonía de amor» y «Tienes un mail»). En 1993 le dijo al diario «Seatlle Post-Intelligencer»: «Siempre he pensado que 'Garganta profunda' fue Mark Felt, el tercer hombre en el FBI. Pero Carl nunca me lo hubiera dicho».

En 1991 se publicó un libro precursor en esta arqueología de las fuentes de inteligencia en el relato de Watergate, el libro de Len Colodny y Robert Gettlin, «Silent Coup: The Removal of a President» («Golpe silencioso: la destitución de un presidente»). En ese libro los dos investigadores desarrollan una hipótesis apasionante: Woodward fue un agente de la Marina de su país -de hecho fue teniente durante 5 años- enviado expresamente a trabajar en la prensa para «operar» (como se dice en la jerga conspirativa argentina) la destitución de Nixon. Según ese libro, «Garganta Profunda» era Alexander Haig, el general que reemplazó a Haldeman como jefe de asesores de Nixon. Ahora se sabe que Felt dio la información del Watergate a los periodistas resentido porque no lo designaron al frente del FBI en lugar de Edgar Hoover al morir éste y por nombrar a Gray, un hombre ajeno a la comunidad de los espías que manipulaba políticamente al FBI. La hipótesis de aquel libro era que los militares estadounidenses querían la destitución de Nixon porque estaban contra la apertura de las relaciones diplomáticas y comerciales con China comunista.

Al comentar ese libro, un colega de Woodward,
James Mann que firmó varias notas con él en «The Washington Post», volvió sobre la hipótesis de Felt. Contó en una nota que publico «The Atlantic Monthly» en mayo de 1992 cómo Woodward había hecho una carrera meteórica en la redacción del «Post» gracias a lo que creían eran fuentes directas en el FBI que usó en varias coberturas, algo que ayer confirmó el propio Woodward en su nota.

Mann decía que era llamativo cómo su colega traía información de ese origen a la redacción y cómo se ocupaba de que el FBI quedase bien parado en sus crónicas. Cruzando fechas y acontecimientos, Mann llegaba en 1992 a la conclusión que Felt era el infidente y que las coberturas de Woodward habían servido para instalar temas y percepciones que beneficiaban al FBI. Algo que también reconoce el autor de «Todos los hombres del presidente» cuando remata sus confesiones sobre este caso conocidas ayer con esta frase sobre Felt: «Sospecho que para él yo era un agente suyo».

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