Ante un millón de personas Benedicto XVI canonizó al primer santo brasileño

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Brasil, el país con más católicos del mundo, tiene a partir de hoy su primer santo, canonizado en San Pablo por el Papa Benedicto XVI: Antonio Sant'Anna Galvao (1739-1822), un sacerdote franciscano al que se le reconocieron dos milagros de sanación por sus "píldoras" de papel-arroz.

Galvao también es el "protector" de los albañiles brasileños.

Durante la canonización, el Papa exaltó la vida del sacerdote y lanzó una crítica hacia los medios de comunicación: "Es necesario decir no a aquellos medios de comunicación social que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del casamiento".

"Declaramos y definimos como santo al beato Antonio de Sant'Anna Galvao. Lo anotamos en la lista de los santos y establecemos que en toda la Iglesia sea devotamente honrado entre los santos", declaró el Papa durante una misa ante casi 1 millón de personas según la policía -la iglesia había informado 1,5 millón personas- en el parque Campo de Marte, zona norte de la ciudad de San Pablo.

Bajo un cielo limpio y con la presencia de autoridades políticas como el vicepresidente de Brasil, José Alencar, en la misa de canonización Benedicto XVI dijo: "Me siento feliz porque la elevación de Frei Galvao a los altares quedará para siempre en la liturgia que hoy la Iglesia nos ofrece".

Galvao nació en Guaratinguetá, a 176 kilómetros de la ciudad de San Pablo, y a los 18 años se decidió por la vida religiosa, a la vez que fue albañil y arquitecto, por lo que es el Patrono de la Construcción Civil en Brasil.

Los albañiles brasileños le ruegan a Frei Galvao para no sufrir accidentes, por ejemplo.

El religioso es conocido popularmente por las llamadas "píldoras de Frei Galvao", oraciones escritas en papel de arroz y enrolladas a modo de pequeñas pastillas por las monjas del Monasterio da Luz, en el centro de San Pablo, construido por Frei Galvao.

Esas religiosas distribuyeron en los últimos días, a la espera del Papa, 10.000 "píldoras" por día en el Monasterio da Luz, donde está enterrado el franciscano.

Son 300.000 píldoras A Galvao se le atribuye la intervención en dos milagros recientes: el de Sandra Grossi de Almeida, ingeniera química de 37 años que vive en Brasilia, y el de Daniela Cristina da Silva, hoy de 21 años, estudiante de los suburbios de San Pablo El primer milagro, según la iglesia, ocurrió cuando Daniela da Silva tenía 4 años y le fue diagnosticada hepatitis A, tras haber nacido con 1,8 kilogramos.

"Mi madre y mi tía hicieron novenas con las píldoras de Frei Galvao y me curé", contó la joven.

El otro es el caso de Sandra Grossi de Almeida, quien había perdido tres embarazos hace 8 años debido a un problema congénito en el útero, falto de la elasticidad normal para soportar la gestación del feto.

"La previsión era que el embarazo se interrumpiera en la semana 20. Pero superé esa semana y en la semana 32 nació Enzo. Nació todo morado, con los pulmones aún en formación. Hay bebés que están meses en incubadora y al día siguiente Enzo estaba bien. ¿Cómo hizo? Milagro de Frei Galvao", dijo Sandra.

Ambos casos fueron presentados ante el Vaticano y el Papa Juan Pablo II lo beatificó en 1998.

En el Monasterio da Luz, declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la ONU, 14 monjas producen las "píldoras milagrosas" del sacerdote en minúsculos papelitos, con la frase "Después del parto, permaneciste Virgen.
Madre de Dios, intercede por nosotros".

Las "píldoras de Galvao" surgieron cuando en el interior de San Pablo el sacerdote franciscano recurría a los rezos para curar a las personas ante la falta de médicos en las zonas rurales.

El Vaticano le reconoció el milagro de 1999, el nacimiento de Enzo, en diciembre de 2006, cuando se anunció el viaje de Benedicto XVI a Brasil.

En la homilía el Papa pidió seguir el ejemplo de Galvao.

"Que buen ejemplo a seguir nos dejó Frei Galvao. Como suenan actuales para nosotros, que vivimos en una época de hedonismo, las palabras que aparecen en la cédula de consagración de su castidad "Señor, sácame la vida antes de ofender a vuestro bendito Hijo".

Son palabras fuertes, de un alma apasionada, que deberían ser parte de la vida normal de cada cristiano, sea el consagrado o no, y que despiertan deseos de fidelidad a Dios dentro y fuera del matrimonio", sostuvo.

"El mundo necesita de vidas limpias, de almas claras, de inteligencias simples que rechacen ser consideradas criaturas objetivo de placer. Es necesario decir no a aquellos medios de comunicación social que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del matrimonio", dijo.

Para la canonización llegaron desde Guaratinguetá unas 400 personas que dicen ser descendientes de Galvao, cuyos restos están enterrados en el Monasterio da Luz, en el centro de la ciudad.

Mañana en Guaratinguetá el Papa visitará la Hacienda Esperanza, un centro de recuperación de adictos químicos patrocinado por la iglesia.

A la misa, desde el monasterio tuvieron permiso para asistir nueve monjas de clausura que recibieron permiso para salir y celebrar al santo.

La monja conocida como Hermana Celia fue la encargada de reunir las pruebas de los milagros atribuidos a Galvao y hoy subió al gigantesco altar preparado para la misa y besó la mano del Papa.

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