Arafat sigue confinado entre ruinas
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•Liderazgo
«¿Qué derecho tiene Israel a determinar quién es el interlocutor válido del lado palestino? ¿Acaso los palestinos determinan que Sharon, acusado de violaciones a los derechos humanos en el pasado, no representa a los israelíes?», se pregunta en otra entrevista con este diario Ahmed Tibi, un palestino allegado a Arafat que forma parte del parlamento israelí y milita en el partido izquierdista Hadash, quien aclara además que el presidente de la AP fue electo democráticamente.
La Mukata, un antiguo presidio de la colonia británica, queda a poco más de un kilómetro del centro de Ramallah. Llegar hasta esta empobrecida y caótica ciudad supone arribar hasta el checkpoint de Qalandia desde Jerusalén, pasar el control fronterizo y comenzar a caminar en medio de polvo, gritos, cientos de autos que tocan bocina; y puestos de venta de gallinas, alfombras, palomas, comida y artesanías palestinas. Un mundo de diferencia con las ciudades israelíes.
El paso de Qalandia, a 8 kilómetros de Ramallah, es el más populoso de los que dividen a Israel de Cisjordania. Los palestinos llegan hasta allí para llevar o buscar familiares que logran pasar a Israel, misión harto difícil en medio del bloqueo, o para conseguir transportar por cinco schekels a alguno de los escasísimos no palestinos que pretenden llegar a la ciudad sede de la Mukata.
Una población bulliciosa, plena de energía, calles de tierra o asfalto destruido, miles de personas en plena calle viendo pasar el tiempo, caras de miedo de parte de los soldados israelíes, resignación y padecimiento entre los palestinos. Todo ello pinta un mural muy distinto del que Sacomani dedicó a Arafat.



