30 de diciembre 2003 - 00:00

Arafat sigue confinado entre ruinas

Ramallah, Cisjordania - A la Mukata, el cuartel en el que está recluido Yasser Arafat en la ciudad cisjordana de Ramallah, le quedan pocas paredes en pie desde una incursión israelí en setiembre de 2002. Una de ellas la ocupa casi por entero un mural con un paisaje típico del norte argentino. Una mujer colla, un telar, montañas, y la firma al pie: «Salta-Jujuy, Argentina. Lali Sacomani».

Esta donación en honor al jefe palestino, pintada en octubre pasado, evoca cierta simpatía hacia los argentinos de parte de los miembros de la Fuerza 17, el cuerpo de elite que constituye el último círculo defensivo de Arafat.

El mural de Sacomani es lo único agradable que Arafat observa cuando sale al patio de su sede de gobierno transformada por Israel en reclusión. El resto del paisaje son improvisadas trincheras y enormes montículos de cemento, hierro y tierra, que están allí como testimonio de los edificios que formaban parte de la Mukata hasta setiembre del año pasado, cuando el ejército israelí emprendió una dura ofensiva contra el corazón del poder palestino como represalia por un ataque suicida en Tel Aviv que dejó 6 muertos.

•Liderazgo

«Allí va a permanecer, no lo vamos a matar, pero vamos a hacer que su existencia no moleste», indicó días pasados Raanan Guisin, vocero del primer ministro israelí Ariel Sha ron, en referencia al futuro del presidente de la Autoridad Palestina (AP). El gobierno israelí, así como el de George W. Bush, insisten en que Arafat representa «un obstáculo», y lo acusan de incentivar el terrorismo al tiempo que busca aparecer como negociador para la paz.

«¿Qué derecho tiene Israel a determinar quién es el interlocutor válido del lado palestino? ¿Acaso los palestinos determinan que Sharon, acusado de violaciones a los derechos humanos en el pasado, no representa a los israelíes?»,
se pregunta en otra entrevista con este diario Ahmed Tibi, un palestino allegado a Arafat que forma parte del parlamento israelí y milita en el partido izquierdista Hadash, quien aclara además que el presidente de la AP fue electo democráticamente.

Lo cierto es que Arafat mantiene un fuerte liderazgo entre los palestinos, y su situación de reclusión forzada en medio de su sede de gobierno destruida fomenta que sea visto como víctima por muchos, en especial en Europa. Más allá de si es cierto o no que fomenta el terrorismo, sigue comandando una población con 40 mil hombres armados legalmente (entre Policía y Ejército).

•Caos

La Mukata, un antiguo presidio de la colonia británica, queda a poco más de un kilómetro del centro de Ramallah. Llegar hasta esta empobrecida y caótica ciudad supone arribar hasta el checkpoint de Qalandia desde Jerusalén, pasar el control fronterizo y comenzar a caminar en medio de polvo, gritos, cientos de autos que tocan bocina; y puestos de venta de gallinas, alfombras, palomas, comida y artesanías palestinas. Un mundo de diferencia con las ciudades israelíes.

El paso de Qalandia, a 8 kilómetros de Ramallah, es el más populoso de los que dividen a Israel de Cisjordania. Los palestinos llegan hasta allí para llevar o buscar familiares que logran pasar a Israel, misión harto difícil en medio del bloqueo, o para conseguir transportar por cinco schekels a alguno de los escasísimos no palestinos que pretenden llegar a la ciudad sede de la Mukata.

Una población bulliciosa, plena de energía, calles de tierra o asfalto destruido, miles de personas en plena calle viendo pasar el tiempo, caras de miedo de parte de los soldados israelíes, resignación y padecimiento entre los palestinos. Todo ello pinta un mural muy distinto del que Sacomani dedicó a Arafat.

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