Batlle:"Yo aspiraba a cambiar al Uruguay y no lo conseguí"
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En 1999, Brasil devaluó su moneda y la competitividad de Uruguay, cuyas exportaciones iban dirigidas a ese país en un 50 por ciento, se derrumbó.
En 2001 llegó la fiebre aftosa y paralizó el sector agropecuario, el motor de la economía del país.
En julio del 2002, la situación explotó y Uruguay, arrastrado por la corrida bancaria argentina, sufrió la peor crisis económica de su historia, que todavía hoy genera consecuencias, como el desembolso de 120 millones de dólares que el Estado tendrá que pagar a cuatro bancos extranjeros socios de una institución quebrada.
En poco menos de seis meses se retiró el 47 por ciento de los depósitos bancarios, cuatro bancos quebraron, el dólar se devaluó, miles de ciudadanos quedaron en la ruina y el desempleo llegó al récord del 20 por ciento.
Cientos de miles de ciudadanos emigraron y la imagen de Batlle cayó estrepitosamente.
La espontaneidad y el verbo fácil del presidente no contribuyeron a apaciguar los ánimos: en el punto más álgido de la corrida bancaria, el presidente no pudo contener las lágrimas al dirigirse a la ciudadanía por televisión.
Batlle prefiere olvidar el pasado y mirar a corto plazo, a los resultados económicos del 2004, que fueron verdaderamente sorprendentes: tras cuatro años de recesión el país consiguió un crecimiento récord del 12 por ciento, las exportaciones subieron un 40 por ciento en relación al año anterior y se superaron las metas impuestas por el Fondo Monetario Internacional.
"Espero que de esto también me echen la culpa a mí", señaló, para luego añadir que "ya ha dicho (el Gobierno electo) que seguirá por el mismo camino, la gente votó por el cambio, y lo primero que hacen es hacer lo mismo".
Batlle se refirió así a los anuncios hechos por el Gobierno electo de que su política económica va a ser de ortodoxia fiscal y monetaria, a pesar de que su primer objetivo será aplicar un Plan de Emergencia Social.
"Si quieres justicia social, tienes que tener medios económicos para sustentarla y Uruguay sólo lo consigue abriéndose al mundo".
Esa es la columna vertebral de su concepción política, el camino a la modernidad, y es el "consejo" que le quiere dar a su sucesor.
"Es preciso que recuerde constantemente que este país vive de su capacidad de insertarse en el mundo, es un país que si se cierra muere", argumentó.
Sin embargo, esta apertura la dirige a los países desarrollados y no a sus socios regionales: "Si Estados Unidos me compra la carne a un dólar, ¿se la voy vender a Brasil que me la compra a cincuenta céntimos? Estados Unidos es esencial para Uruguay, es el país más importante y si no se consolida la relación no tenemos alternativas", dice.
Uruguay firmó a finales del año pasado un Tratado de Protección de Inversiones Mutuas con Estados Unidos, y el Gobierno electo ya ha anunciado que en caso de no estar de acuerdo con el contenido lo derogará.
"Sería un gran error", subrayó el presidente.
Batlle critica sin tapujos la integración regional y sudamericana y, sobre todo, la creación de nuevas estructuras, como la flamante Comunidad Sudamericana de Naciones.
"Es una comunidad de pobres que no se pueden comunicar entre sí", asegura.
Afirma que, en cuanto traspase el poder, seguirá dedicándose a la política, "lo único" que sabe hacer.
Es una ardua tarea la que le espera, ya que en las últimas elecciones, el Partido Colorado obtuvo el 11 por ciento de los votos, el peor resultado de su historia.




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