Roma - Sólo hay una persona en el mundo capaz de aplicar a la política las técnicas del marketing televisivo, de combinar los delirios mesiánicos con chistes, los ataques furibundos al comunismo con los guiños futboleros, las promesas electorales con las alusiones religiosas. Sí, él, Silvio Berlusconi. En un electrizante y, desde luego, nada aburrido acto de dos horas en Milán ante 10.000 almas, el primer ministro italiano y líder de Forza Italia dio ayer el pistoletazo de salida a la campaña electoral.
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Berlusconi, un maestro de la venta, ha mirado en su chistera de mago y ha decidido sacar de la misma las alusiones religiosas, que están impregnando como nunca todos sus discursos políticos. Una estrategia que, en pleno choque de civilizaciones y dado el fuerte tirón que la Iglesia aún tiene en Italia, considera que puede darle frutos electorales. De hecho, en las últimas semanas, Berlusconi ha conseguido recortar distancias con la oposición, aunque los sondeos aún le sitúan 4,5 puntos por debajo de la coalición de centroizquierda que lidera Romano Prodi.
En línea con su repertorio habitual, Il Cavaliere arremetió ayer contra los jueces « rojos», contra los gobiernos regionales « controlados por los rojos», contra los partidos políticos «rojos». Deslizó sus habituales chistes contra Romano Prodi y contra Máximo D'alema, presidente de Demócratas de Izquierda, el principal partido de la oposición. Y, como también comienza a ser habitual, hizo varias alusiones religiosas.
Bautizó a sus seguidores como «misioneros de la verdad» y les encomendó la tarea de predicar los logros conseguidos por su Ejecutivo. «Los nombro a todos misioneros de la verdad. De aquí al 9 de abril (fecha de las elecciones) deben contar a todos que no es verdad que Italia vaya mal, como dice la izquierda. Deben contar todas las cosas que ha hecho su gobierno», pedía. Pero no pudo evitar colar un chiste: «He traído una espada y después pasaré entre ustedes y la apoyaré sobre su hombro derecho, porque sobre el izquierdo no puedo».
No fue la única alusión religiosofestiva que ayer hizo Il Cavaliere: hablando por ejemplo del elevado número de partidos que concurrirán a las elecciones, Berlusconi no dudó en mentar a Dios. «Más que una papeleta electoral, se tratará de una sábana. Y todos sabemos lo pequeñas que son las cabinas electorales. Que Dios nos asista. Ocupate vos», le pedía al Altísimo mirando con los ojos en blanco al cielo.
Pero es en el programa de la Casa de la Libertad, que aúna a los cuatro grandes partidos de la coalición de centroderecha que lidera Berlusconi, donde las alusiones religiosas se concretan en forma de valores cristianos.
En el preámbulo del manifiesto (que ocupa sólo 21 páginas, frente a las 281 del de la oposición) se hace «una llamada a la tradición (con particular referencia a las raíces judeocristianas de Italia), a la familia y a la identidad». Y entre los 10 puntos de los que consta el programa hay varias iniciativas de ayuda a la familia, entendiendo por ésta «el matrimonio entre hombre y mujer», según recalcó Berlusconi para atajar toda alusión a las uniones homosexuales.
Por si fuera poco, hace unos días Berlusconise comparó con Jesucristo. «Soy el Jesucristo de la política, la víctima inocente que se sacrifica por todos», afirmó en un mitin.
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