Blair ganó pulseada a la BBC: renunció el director
La pulseada entre el gobierno británico y la BBC sobre la guerra en Irak terminó ayer con un Tony Blair fortalecido y con la cadena televisiva humillada. Una investigación independiente determinó que las autoridades no «inflaron» la acechanza que suponía el supuesto arsenal de destrucción masiva del régimen de Bagdad. Paralelamente, la exculpó en la polémica por el manejo periodístico de las críticas hechas al gobierno por el científico David Kelly, quien se suicidó tras ser identificado como fuente de la BBC. La cadena debió ayer disculparse, y su director renunció.
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Tony Blair logró salir indemne del escándalo que provocó en el Reino Unido el suicidio de un científico que había cuestionado el énfasis del gobierno en el peligro militar que suponía el régimen de Saddam Hussein.
Para el juez, fueron « infundadas» las acusaciones de que el gobierno «infló» ese documento para justificar la guerra y de que, a sabiendas de que era falso, advirtió en el dossier de que Irak podía lanzar en 45 minutos un ataque con armas de destrucción masiva.
El informe Hutton indica que «no se puede descartar completamente» que el deseo de Blair de obtener un informe convincente « influyera de forma inconsciente» en la redacción del dossier, pero que nunca fue « maquillado».
•Pulseada
Durante ocho meses, la BBC defendió a capa y espada a Gilligan en una dura pulseada con el gobierno de Blair y, especialmente, con su ex director de Comunicación, Alastair Campbell. Ya retirado, Campbell aprovechó ayer las conclusiones del juez para cargar de nuevo contra la BBC y pedir a los medios de comunicación más rigor en las noticias sobre el gobierno.
«El primer ministro, el gobierno y yo mismo dijimos la verdad, pero la BBC, desde el presidente al director general, no lo hicieron», apuntó.
En una intervención ante la Cámara de los Comunes, Blair indicó que ahora ya no queda «ninguna duda» de que su gobierno actuó con honradez. El primer ministro dijo que la BBC lo acusó de mentir sobre el documento oficial, acerca de las armas de destrucción masiva de Irak y sobre la estrategia para identificar a Kelly (lo que, se decía, precipitó su suicidio) y que, «si eso hubiera sido así, significaría que yo habría engañado a esta Cámara».
«La acusación de que yo, o cualquier otra persona ligada a esta Cámara, engañamos de forma deliberada al país, al falsificar datos de inteligencia sobre las armas de destrucción masiva, es en sí misma la verdadera mentira», aseveró, fortalecido, el jefe del gobierno.
El alivio del primer ministro británico contrastaba con las caras de pocos amigos de sus contrincantes «tories», que en los últimos meses habían cargado las tintas contra Blair asegurando que las conclusiones del informe Hutton lo obligarían a dimitir.




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