Campesinos y sindicatos volvieron ayer a sitiar La Paz. Hoy prometen atacar el Congreso.
La Paz (EFE, AFP, ANSA) - Los grupos radicalizados de Bolivia intentarán hoy evitar que sesione el Congreso en La Paz, con marchas que día a día crecen en violencia y en número de participantes. El presidente Carlos Mesa reaccionó ayer al hostigamiento de los ultras, al denunciar que el fin de estos grupos es lograr un golpe de Estado.
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Diversas organizaciones y sindicatos repetirán hoy la marcha hacia la céntrica plaza Murillo para presionar por la convocatoria a una Asamblea Constituyente y por la nacionalización del gas.
El centro de La Paz fue ocupado ayer por miles de maestros, campesinos, comerciantes minoristas, mineros y universitarios, que interrumpieron la circulación de vehículos y obligaron al cierre de comercios y otros establecimientos.
Pese a que las autoridades no aportaron datos sobre el número de manifestantes, la movilización fue la mayor desde el inicio de esta nueva ola de protestas en el país. La marea humana ocupó la avenida de El Prado, la arteria principal de La Paz, así como las calles que rodean la plaza Murillo, donde se encuentra el edificio del Parlamento y el Palacio de Gobierno, fuertemente resguardados por las fuerzas del orden.
La ciudad aledaña de El Alto, de donde bajaron miles de manifestantes, reanudó una huelga general que taponó los accesos a La Paz y las salidas por ruta hacia el resto del país, informó el jefe departamental de la Policía, Hernán Jaimes. Además, un grupo de maestros rurales cortó el tránsito en la ruta que une La Paz con el centro, el Sur y el Oriente, a la altura de la localidad de Caracollo, a 199 kilómetros.
El recrudecimiento de las protestas tiene como objetivo presionar al Poder Legislativo, que hoy reanudará sus sesiones para discutir la convocatoria de un referendo autonómico, demandada por los líderes de la próspera región de Santa Cruz, en el oriente del país, y la elección de una Asamblea Constituyente, exigida por los manifestantes.
En un acto público realizado en homenaje a un regimiento del ejército, Mesa denunció que entre los sectores movilizados existen «grupos minoritarios» y «líderes irresponsables» que buscan «desestabilizar» el gobierno y la democracia con una táctica que consiste en que el Parlamento no se pueda reunir. «El cierre del Parlamento nacional es un golpe de Estado, no existe democracia sin Parlamento y cualquier persona, institución grupo o representante del poder que decida la clausura del Congreso y que de hecho haga el cierre del Congreso de hecho está dando un golpe de Estado», manifestó.
Según el presidente, que reiteró su intención de seguir en el poder, estos sectores minoritarios pretenden de esta forma «decir que el gobierno no puede garantizar que el Congreso se reúna y por eso se tiene que ir». Evo Morales, diputado del Movimiento Al Socialismo y líder de los productores de coca, calificó la denuncia como una «falta de respeto» a los movimientos indígenas, sociales y sindicales. Morales acusó a Mesa de « desmarcarse de las reivindicaciones del pueblo boliviano» en favor de los sectores conservadores del país.
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