La Paz - Luis Arce Catacora asumió ayer al mediodía como presidente constitucional de Bolivia al prestar juramento ante la Asamblea Legislativa Plurinacional con un discurso de tono conciliador y sin aludir a su mentor político, el exmandatario Evo Morales.
A un año del golpe en Bolivia, asumió Arce con un discurso conciliador (y sin nombrar a Evo)
El delfín del depuesto presidente evitó confrontar, pero su mandato no es bien recibido por todas las regiones. La rica Santa Cruz, promotora de las revueltas de 2019, aún desconoce los comicios.
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LLANTO. El flamante presidente Luis Arce se mostró emocionado durante varios tramos del discurso. Su compañero de Gobierno será el excanciller David Choquehuanca.
“Iniciamos una nueva etapa en nuestra historia y queremos hacerlo con un Gobierno que sea para todos y todas sin discriminación de ninguna naturaleza. Nuestro Gobierno buscará reconstruir nuestra patria en unidad para vivir en paz”, remarcó el flamante mandatario boliviano.
“Gobernaremos con responsabilidad e inclusión afrontando los cambios para que Bolivia vuelva a la senda de la estabilidad en el menor tiempo. Venceremos a la pandemia y triunfaremos sobre la crisis porque somos un pueblo luchador”, afirmó en su mensaje ante el Parlamento, de unos 30 minutos.
Arce evitó referirse a su padrino político y jefe de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, quien tiene previsto retornar a Bolivia hoy desde su exilio en la Argentina, al cumplirse un año de su abrupta salida del poder.
Vestido con traje azul y camisa clara, sin corbata, Arce puso su mano derecha sobre el corazón para jurar “por los próceres de la independencia, por nuestra Madre Tierra, por los dioses de nuestros ancestros, por nuestras hermanas y hermanos que dieron la vida por la democracia y por la igualdad entre todos los seres, desempeñar las altas funciones como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, en estricto cumplimiento de la Constitución Política del Estado y las leyes del Estado Plurinacional de Bolivia”.
El “sí, juro” con que respondió a la extensa fórmula desató un ola de aplausos y gritos de “jallalla” (viva en idioma aimara), mientras el vicepresidente David Choquehuanca, quien asumió minutos antes y condujo la Asamblea Legislativa, completaba el juramento.
“Si así lo hace, que nuestros próceres de la liberación, que nuestros héroes contra el Estado colonial y el pueblo boliviano lo premie, caso contrario lo castigue. Queda, hermano, usted posesionado como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia”, completó Choquehuanca entre los aplausos de todo el recinto.
En los balcones estaban el rey de Espala, Felipe VI, junto al vicepresidente de su país, Pablo Iglesias; y los presidentes de Argentina, Alberto Fernández; Paraguay, Mario Abdo Benítez, y Colombia, Iván Duque, entre otras delegaciones internacionales.
Tras la jura, Choquehuanca le colocó la banda presidencial tricolor y la medalla de presidente, con una cinta con los mismos colores de la bandera de Bolivia, y todos cantaron el himno, en un clima de emoción, con el puño izquierdo en alto.
El flamante mandatario se mostró muy emocionado en algunos momentos de su discurso, cuando se le quebró la voz. La televisión mostró las lágrimas que corrían por el rostro de Arce mientras entonaba el himno nacional tras haber recibido el mando de la nación.
Pese al discurso conciliador, criticó brevemente a la expresidenta de facto, la derechista Jeanine Añez, a quien responsabilizó de haber promovido la persecución política y provocado la crisis económica tras una deficiente gestión de la pandemia.
“Vamos a recuperar los niveles de crecimiento que el Gobierno de facto hizo añicos y lo haremos reduciendo la pobreza y las desigualdades económico y sociales”, remarcó Arce, tras sostener que repondrá el modelo económico implantado durante los 14 años de Gobierno de Evo Morales (2006-2019), el cual en casi 12 años fue ministro de Economía.
En primer término, Choquehuanca -indígena, al igual que Morales- hizo un emotivo discurso en el que tampoco mencionó al líder cocalero forzado a renunciar hace un año luego de haber ganado una elección presidencial con un resultado que fue rechazado por una auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA) en un polémico pronunciamiento, ya que nunca probó el fraude electoral que denunció. Por el contrario, estudios académicos hechos en Estados Unidos demostraron que la victoria de Morales había sido limpia.
A pesar de las intenciones de Arce de mantener a Bolivia unida tras un año de fuerte conflicto, su tarea no será fácil. La semana pasada, en Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más poblada y rica de Bolivia y la cuna de la oposición que alentó el levantamiento de 2019, el Comité Cívico emprendió paros de protesta por el presunto fraude, sobre el que no presentaron pruebas, en el resultado de la elección en la que Arce obtuvo el 55,1% de los votos.
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