Brasil espera a Cristina con fuertes interrogantes
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Alguien que conoce al matrimonio Kirchner, como José Botafogo Gonçalves -embajador de Brasil durante 2003-, suma sus propias dudas: «Si hubiera problemas económicos durante el período Cristina, la tentación sería culparnos». Si bien cree que con ella Brasil tendrá un acercamiento cordial, «no se ilusionen», previno el diplomático hace unos días a «O Globo»: «Cristina hace una firme defensa del ingreso de Venezuela al Mercosur y lo califica de vertiente energética de integración sudamericana, dado el papel relevante que tiene su petróleo».
El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, en cambio, no es tan taxativo -al menos en apariencia- en su apreciación del futuro argentinobrasileño. En su mensaje de felicitación por la victoria electoral dijo que la señora de Kirchner tiene una «oportunidad singular para promover un salto cualitativoen las relaciones bilaterales». Y agregó que es «una oportunidad todavía mayor para seguir fortaleciendo la sociedad estratégica y los esfuerzos comunes de profundización del Mercosur, dentro del marco de la integración sudamericana». Traducidas, estas palabras, que a primera vista pueden parecer un galimatías diplomático, están marcando una importante definición: Brasil busca una sociedad estratégica con la Argentina, dentro del Mercosur actual y éste a su vez dentro del contexto sudamericano.
Muy distinta fue la definición que la señora de Kirchner dio el lunes a un programa de televisión: «Tenemos que priorizar nuestro lugar en América latina, ampliar el Mercosur y el tema energía, que es el gran tema del futuro. La ecuación energética de América latina es fundamental». Distintas y opuestas las palabras de Cristina: al ampliar el Mercosur está incluyendo a Venezuela -algo a lo que el Congreso brasileño se viene mostrando muy reacio-, y al introducir la ecuación energética -un seguro dolor de cabeza en su administración venidera- está incluyendo nuevamente a Venezuela, además de Brasil, Ecuador y Bolivia.
En lo que hace a las relaciones con Brasil, la clave está en Venezuela. Cuanto más cercano sea el vínculo con Caracas, más diluida será la relación societaria con Brasil. En momentos en que el país vecino viene pisando muy fuerte en los círculos financieros internacionales (está a punto de lograr el «investment grade», constituiría un fondo soberano, el Bovespa cotiza en la Bolsa de Nueva York, Itamaraty negocia un acuerdo comercial entre el Mercosur y los EE.UU. -formato 4+1- y estaría por ingresar a un G-7 ampliado junto con la India y China), todo indica que Cristina de Kirchner todavía ve en Venezuela a la principal fuente de apoyo diplomático y financiero. Con lo cual, «el cambio dentro del cambio» pregonado en la campaña electoral no es tal, por lo menos en lo que a política exterior se refiere. El mandato Kirchner II parece que seguirá trastabillando en la oscilante cuerda tendida entre Brasil y Venezuela.



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