Los mercados español y europeo se desayunaron el martes con una Oferta Pública de Acciones (OPA) amistosa sobre Endesa de la empresa alemana E.ON. La operación revolucionó la vida económica y política española, puesto que sigue viva la OPA hostil de Gas Natural, autorizada por el Consejo de Ministros (del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero).
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La oferta de adquisición de Endesa por parte de E.ON -compañía resultante de la fusión de una gasística y una eléctrica- se ha hecho en efectivo por ciento por ciento de la eléctrica española a razón de 27,5 euros por acción, un precio sensiblemente superior al ofrecido por Gas Natural. El consejero delegado de la empresa alemana aseguró ayer que Endesa mantendrá su dimensión actual y su sede en Madrid.
La contraopa de E.ON es una buena noticia para Endesa -que recibió bien la oferta aunque advirtió que el precio debe mejorar-, para los accionistas de la eléctrica, para los consumidores españoles, para la salud del sistema de economía de mercado y para las reglas de la competencia, puesto que si prospera seguirá habiendo el mismo número de operadores que hasta ahora en nuestro mercado de la energía.
La iniciativa es, en cambio, una mala noticia para el gobierno que, de manera imprudente y atolondrada, sin siquiera guardar las apariencias, se ha convertido en impulsor y broker de la OPA de Gas Natural -cuyo principal accionista es la Caixa- como parte de una operación política destinada a favorecer los intereses estratégicos del gobierno tripartitocatalán.
Es una mala noticia asimismo para Gas Natural, que queda en una situación muy difícil, puesto que tendrá que elegir entre renunciar a su OPA o subir el precio. La compañía catalana evidenció que se ha quedado en fuera de juego, al asegurar que seguirá adelante con la operación, sin más.
Lo que la oferta de E.ON ha puesto negro sobre blanco es que Gas Natural pretendía adquirir Endesa pagando 21 euros por acción, claramente por debajo del valor real de la eléctrica, cuyos intereses ha defendido el equipo de Manuel Pizarro con determinación y con todos los instrumentos legales a su alcance.
La OPA de E.ON será examinada por los organismos correspondientes de la UE, que tendrán que decidir si afecta o no a las reglas de la libre competencia a nivel comunitario y si supone algún tipo de obstáculo el hecho de que el gobierno de Baviera tenga una participación, aunque pequeña, en el accionariado de una compañía cuya gestión tiene fama de eficiente.
Lo único que está en duda es si el gobierno socialista -desairado tras haber puesto sus complacencias en la OPA de Gas Natural- aceptará o no las reglas del libre juego del mercado o pondrá zancadillas a E.ON. Las primeras reacciones no apuntan nada bueno. El presidente del gobiernono disimuló su enfado cuando la canciller Angela Merkel lo telefoneó para informarle de la operación y ayer tomó una iniciativa tan inaudita como la de presionar en La Moncloa al presidente de E.ON esgrimiendo un nuevo marco tarifario que le será perjudicial. Eso tiene un nombre muy feo. Zapatero le manifestó que tratándose de un «sector estratégico», no es bueno que una empresa alemana adquiera Endesa.
Libre circulación
Es insólito que el gobierno acuda a un argumento tan rancio, puesto que España hace tiempo que renunció a impedir la libre circulación de capitales en la UE y empresas españolas están comprando compañías de otros países. Ferrovial se ha quedado con parte de los servicios de Heathrow sin que las autoridades británicas hayan apelado al obvio interés estratégico del aeropuerto londinense.
Pero si en boca del portavoz Moraleda ésa es una apelación rupestre y en la de los directivos de la Caixa que promovieron el estatuto que define a Cataluña como «nación» resulta paradójica, oír hablar al independentista Carod de la «unidad de mercado del Estado español» prueba cuánta desfachatez hay en esta alianza de políticos y empresarios obsesionados por ampliar su poder a costa de accionistas y consumidores.
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