31 de octubre 2005 - 00:00

Bush, menos popular y con gabinete dividido

George Bush
George Bush
Washington (AFP, ANSA, EFE, Reuters) - Tras el impacto provocado por las primeras consecuencias del denominado «CIA-gate», George W. Bush afronta esta semana la necesidad de retomar la iniciativa de su gobierno, en el contexto de una nueva y marcada caída de su popularidad y el resquebrajamiento de la confianza del propio presidente en sus principales asesores, según medios estadounidenses.

El 58% de la población se declaró insatisfecho con la gestión de Bush, contra 39% que lo apoya, indicó un sondeo de «The Washington Post»-«ABC News». La popularidad del presidente era de 42% en una encuesta realizada el 11 de setiembre, en momentos en que el mandatario republicano sufría los efectos del ciclón Katrina.

Además de las implicancias que podría tener el caso Plame en otros altos funcionarios de la Casa Blanca, el gobierno republicano parece haber perdido la cohesión que signó el primer mandato, lo que dificulta aun más la tarea del presidente.


Según la revista «Time», Bush habría perdido confianza en sus dos influyentes asesores personales, Karl Rove y Andrew Card, así como en el propio vicepresidente, Dick Cheney. El jefe de gabinete de Cheney, Lewis «Scooter» Libby, debiórenunciar el viernes y podría enfrentar graves penas de cárcel por haber obstruido la investigación del «CIA-gate», tal como la prensa tituló el caso por el que salió a la luz en 2003 la identidad de la agente secreta Valerie Plame, esposa del diplomático Joseph Wilson, quien a su vez criticó en junio de aquel año a la administración Bush por la falsedad de supuestas pruebas en contra del derrocado dictador iraquí Saddam Hussein.

• Desconfianza

«(Bush) perdió parte de su confianza en las tres personas que más escucha», indicó «Time», que citó a un asesor próximo al presidente de EE.UU. «El problema es que el presidente no quiere hacer cambios», declaró la fuente.

Aunque Rove, el principal estratega de la reelección de Bush, no fue procesado por el gran jurado que culpó a Libby, hay serios indicios de que también fue uno de los que deslizó el nombre de Plame, y el fiscal Patrick Fitzgerald indicó que las investigaciones continúan.

Según la revista norteamericana, la única importante asesora en quien Bush aún confía es la secretaria de Estado,
Condoleezza Rice, que no puede serle de mucha ayuda en asuntos domésticos por su actual función.

Además del procesamiento de Libby, el gobierno y el presidente en persona se encontraron la semana pasada con el fracaso de la nominación propuesta por Bush para ocupar una vacante en la Corte Suprema y la superación de los 2.000 soldados estadounidenses muertos en Irak.

La oposición demócrata aprovechó la «semana infernal» que vivió Bush para exigir consecuencias: El jefe de la minoría demócrata en el Senado, Harry Reid, expresó ayer por televisión que
«no ha habido una disculpa al pueblo de Estados Unidos por este problema, obviamente grave, en la Casa Blanca... El asunto se ha escapado de las manos, y la ciudadanía merece algo mejor». «Yo creo que Karl Rove debería renunciar», agregó.

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