12 de enero 2006 - 00:00

Campaña rara (para ojos argentinos)

Sebastián Piñera se mostró en bicicleta en ciudades del Sur. Pelea con Michelle Bachelet para ver quién habla más idiomas.Piñera semostró enbicicleta enciudades delSur. Pelea conMichelleBachelet paraver quién hablamás idiomas.
Sebastián Piñera se mostró en bicicleta en ciudades del Sur. Pelea con Michelle Bachelet para ver quién habla más idiomas. Piñera se mostró en bicicleta en ciudades del Sur. Pelea con Michelle Bachelet para ver quién habla más idiomas.
Santiago (enviado especial) - Como en toda elección, los candidatos sonríen y prometen (acaso más de lo debido) desde los afiches en todas las calles. Pero Chile no es, en más de un sentido, un país típico, al menos a los ojos de un argentino.

Por eso sorprende ver que esos carteles estén prolijamente ubicados no sobre los muros (mucho menos de propiedades privadas), sino en las veredas, pegados sobre bastidores y apenas apoyados sobre árboles o postes. Sin embargo, otra rareza, nadie los destruye, los quita ni los pintarrajea, adosándoles burlas o insultos.

Y no es que la campaña se desarrolle sin vigor.
De hecho ésta se mete con fuerza en los hogares a través de la TV, de avisos radiales destinados a segmentos populares mucho más específicos y de profusa propaganda en diarios y revistas.

Más allá de la prolijidad y el respeto, también llama la atención a un observador argentino que el Congreso se convierta en la caja de resonancia privilegiada de la campaña en su tramo crucial. La jugada de Ricardo Lagos de embretar a la oposición de centroderecha apurando proyectos de ley (ver nota aparte) es realmente insólita para quien viene de un país en el que el Congreso no sesiona casi nunca, mucho menos cuando hay campaña, y que cuando lo hace se limita a avalar a libro cerrado lo decidido por los gobiernos de turno.

El carácter de la mentada «injerencia» de Lagos en favor de su ex ministra de Defensa también llama la atención. Más allá de las sospechas puntuales de reparticiones públicas operando a favor de la postulante del oficialismo (por caso, la Embajada en España buscando con poco sigilo apoyos de artistas e intelectuales para Bachelet), las principales quejas opositoras apuntan a que el mandatario salga de gira por el país (algo que en la Argentina ocurre siempre y desde hace años) e impulse proyectos de ley divisivos para la oposición. Ni se habla de aparatos políticos multiuso, capaces de torcer resultados por sí mismos.

• Educación

Pero el colmo de lo extraño es el lugar preponderante que ocupa en el debate el problema educativo. Se sabe que nadie en Chile está conforme con el nivel de la enseñanza y que las familias trabajadoras se quejan de que todas las universidadesestén aranceladas, al punto de que enviar a sus hijos a completar la educación terciaria sea algo parecido a una proeza que requiere notas excelentes y becas oficiales.

El costo universitario promedio oscila en unos 2 mil dólares anuales para el primer año de cursada y las diferencias son abismales entre el quintil de mayores ingresos (73,6% de cuyos hijos siguen estudios terciarios) y el resto de la población.

Este aprecio por la educación (muchas veces tan ajeno a nosotros los argentinos), y el consiguiente deseo de mejorarla y extenderla, se deja ver en numerosas manifestaciones sociales. Un ejemplo acaso menor de esto sea un título de portada del martes del influyente diario «La Tercera», según el cual
«hallan sin vida a un universitario en Viña del Mar». ¿Cuántos diarios argentinos describirían así a un joven, considerando los estudios como lo más importante que se puede decir sobre él?

Otra manifestación, realmente curiosa, de esto estuvo dada por un spot en el que Bachelet aparece respondiendo preguntas de periodistas en inglés, francés y alemán.
Esa fue la respuesta de sus estrategas a las acusaciones de Piñera de que la socialista no tiene la suficiente capacidad para gobernar el país.

Inicialmente se buscaron tramos de entrevistas concedidas por la candidata a medios extranjeros, pero como la calidad de las imágenes no era la adecuada, se hizo un montaje en el que ella responde preguntas en off.
Los responsables del aviso dijeron, entusiasmados, que éste cayó bien entre los votantes.

Sea sincero, lector: está muy bien que un presidente sea políglota, pero ¿no le provocaría cierta molestia ver tamaña muestra de vanidad en una campaña argentina?
Curiosamente (o no), Piñera no respondió apuntando a eso, sino afirmando que él también habla idiomas y que, en todo caso, «el único que interesa a los chilenos es el capaz de resolver los problemas».

• Ausencia

Lo que no es extraño es que las novedades judiciales de Augusto Pinochet no se inmiscuyeran en el debate de los candidatos, lo que tampoco ocurrió durante toda la campaña electoral. Al ex dictador le fue levantada ayer la inmunidad por parte de la Cámara de Apelaciones de Santiago, en un caso de dos homicidios en el marco de la «caravana de la muerte» en 1973. El mismo día, Pinochet recuperó su libertad tras haber pagado una fianza equivalente a 19.230 dólares por su responsabilidad en la Operación Colombo. De su lujosa residencia de La Dehesa, donde cumplía arresto domiciliario, el ex gobernante viajó a su casa de Los Boldos.

Los candidatos siguen sonriendo desde los afiches. Falta muy poco para la hora de la verdad. Rarezas aparte.

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