7 de junio 2005 - 00:00

Caos en Bolivia: renunció Mesa

La renuncia del presidente Carlos Mesa de Bolivia era casi inevitable debido al caos institucional que vivía el país del Altiplano. Tan inevitable como la crisis que va a sobrevenir ahora, porque no hay figuras perfiladas capaces de aglutinar mayorías en el país, mientras subsiste el riesgo de una balcanización con Santa Cruz, que apetece irse hacia Brasil, y Tarija -con importantes pozos petroleros y gasíferos-, que quiere unirse a la Argentina, que está en su límite, quedando el resto de lo que sería «Bolivia», pero sin sus principales riquezas. Se especulaba anoche con la posible intervención del ejército boliviano, que tiene una característica: es fuerza enormemente mayoritaria, ya que no existe una «armada» en un país sin costas. Además, los militares bolivianos tienen la rara característica de un especial nivel cultural, porque al carecer de escuelas de formación todos son instruidos en el exterior, principalmente en Europa. Mesa anunció anoche su renuncia en un discurso a toda la Nación y pidió al Congreso que se reúna inmediatamente para resolver el tema de la sucesión.

Caos en Bolivia: renunció Mesa
La Paz (ANSA, AFP, EFE, Reuters, diarios locales) - El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, anunció anoche su renuncia al cargo y pidió al Congreso que se reúna inmediatamente para resolver su sucesión.

«Hasta aquí he llegado», dijo Mesa en un discurso dirigido a la nación, tras una jornada frenética en la que las protestas sociales se agudizaron y dejaron al gobierno sin margen de maniobra.

«Pongo a disposición el cargo para que no me convierta en un obstáculo, en un factor de tropiezo y destrucción», añadió el mandatario tras describir la tensión que sacudió a Bolivia en las últimas semanas, en torno a un referendo autonómico, la convocatoria a una asamblea constituyente y la Ley de Hidrocarburos.

«No puedo hacer otra cosa que entregar esta responsabilidad», en procura de «la solución que saque a Bolivia de esta situación que está poniendo en serio riesgo al país y al futuro», resumió.

Según la Constitución boliviana, la sucesión presidencial recaería ahora en el titular del Congreso, Hormando Vaca Díez, pero esa decisión deberá surgir de una reunión parlamentaria que Mesa reclamó «que sea en pocas horas».

No obstante, la radio «Erbol» especuló con el cierre de esta edición con la posibilidad de que el Congreso rechace la renuncia de Mesa, tal como lo hizo a principios de año, ante una situación similar a la planteada ayer.

Entretanto, Mesa anunció que seguirá siendo jefe de Estado:
«Hay presidente, mi responsabilidad termina el día en que el Congreso tome la decisión, no estoy dejado mi responsabilidad, estoy aquí y estaré aquí».

El ahora renunciante presidente recordó: «He nacido en Bolivia, vivo en Bolivia», y en ese sentido, a diferencia de otros mandatarios latinoamericanos, prometió: «No voy a viajar a Miami o a Washington. Está en mis ideas quedarme en mi patria, porque aquí está mi corazón y aquí está mi vida».

En su discurso, Mesa auguró «éxito a la Iglesia Católica en la mediación que está llevando adelante» con los sectores políticosy sociales, cuyos reclamos dejaron virtualmente paralizada a La Paz, la cercana localidad de El Alto y afectaron a otros puntos del país.

Su dimisión se conoció tras una jornada frenética y mientras la mediación de la Iglesia intentaba avanzar en un plan de elecciones anticipadas. Las principales ciudades bolivianas amanecieron ayer convulsionadas por multitudinarias manifestaciones callejeras y 78 puntos de cortes de ruta en todo el país, en demanda de la nacionalización de los hidrocarburos. Se calcula que las organizaciones campesinas, indígenas y sindicales movilizaron ayer a 80.000 personas en reclamo de la renuncia del gobierno y la inmediata nacionalización de los recursos energéticos del país. Se trató de la mayor concentración desde el regreso de la democracia en 1982.

• Sabotaje


La amenaza de los manifestantes que colapsaron la sitiada La Paz -donde desde hace días no llegan provisiones de combustibles ni alimentos y donde hasta el suministro de agua potable está amenazado por sabotajes- hizo que Mesa debiera abandonar durante dos horas el palacio presidencial.

Una toma campesina a una estación que conecta un ramal de oleoducto entre el centro y el oeste andino boliviano obligó a la suspensión del bombeo de petróleo a Chile.

Durante su discurso, Mesa tuvo palabras de elogio hacia las fuerzas armadas, mencionadas como alternativa de poder a la vieja usanza de las dictaduras sudamericanas de los '70 por algunos sectores, y destacó que «son las que mejor han entendido la democracia».

En su arenga final, Mesa reclamó a los bolivianos «ser capaces de la mayor claridad de ideas y de la mayor convicción para enfrentar la responsabilidad».

«¿Qué estamos haciendo y hacia dónde estamos llevando a Bolivia?», se preguntó el aún presidente de modo dramático.

En tono autocrítico, pidió «disculpas» si la ciudadanía entendió que no ha sido capaz de «conducir a Bolivia adecuadamente».

«Hice lo que estuvo en mi mano para entregarle una manera, una visión distinta, para lograr que Bolivia cumpliese la agenda de todos, que pasa por la asamblea constituyente, por el referendo autonómico, por unos hidrocarburos que sean de los bolivianos, que favorezcan a los bolivianos. Esa agenda no va a construirse como estamos», alertó.

«Bolivia está acercándose a un punto en el que nadie está dispuesto a escuchar al otro y unos pocos están imponiendo sus criterios sobre una gran mayoría que no acompaña. El país no puede estar sujeto a la presión al bloqueo y a la violencia, tiene que encontrar salidas por la vía de entenderse y cumplir lo que dicen las normas», reflexionó.

Mesa ocupó el sillón presidencial durante veinte meses, tras suceder el 17 de octubre de 2003 a su derrocado antecesor
Gonzalo Sánchez de Lozada, quien también renunció tras una violenta agitación social.

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