5 de julio 2005 - 00:00

Caso Galicia pone en la picota el sistema D'Hont

La reciente elección del nuevo gobierno autonómico en Galicia, que provocó la salida del veterano conservador Manuel Fraga Iribarne, gatilló en la opinión pública de España el debate sobre los sistemas electorales. No le bastó al PP de Fraga Iribarne ganar en las urnas para retener el puesto, y esa circunstancia puso en la picota al sistema de distribución proporcional de bancas entre los partidos que se afilian en España. El legendario método D'Hont (por el apellido del belga que lo creó) es el mismo que se usa en la Argentina para la distribución de bancas en el orden nacional y en casi todas las provincias. En algunas pocas provinciasargentinas, se emplea aún el modelo tradicional de mayoría y minoría (el ganador se lleva la mayoría de las bancas) que es reemplazado paulatinamente por el D'Hont.Veamos el artículo del periodista español Enrique De Diego publicado en la revista «Epoca», en el cual le toma examen a ese sistema en su país con argumentos que pueden ilustrar en la Argentina a quienes estudian las reformas electorales, siempre que se recuerden las diferencias entre los dos países. La principal, que el sistema de aquel país es parlamentario, es decir, que para quedarse en el Poder Ejecutivo hay que ganar la elección legislativa.

Manuel Fraga Iribarne
Manuel Fraga Iribarne
Ningún ejemplo mejor de la perversión de nuestro sistema electoral -de la malhadada Ley d'Hondt, unida a la circunscripción provincialque el gallego. La victoria electoral de Manuel Fraga y del PP ha sido clara. En el sistema mayoritario inglés no hubiera habido discusión. El PP ganó en las cuatro provincias, en seis de las siete grandes ciudades y en 87% de los municipios.

La inmensa mayoría de los representantes hubiera sido popular. La fórmula tiene la ventaja de que, al estar obligado el partido a ser en cada distrito el más votado, las formaciones tienden a posiciones de moderación, donde confluye la mayoría. La minoría nunca impone su dictado.

En Francia no hay elecciones autonómicas. Es Estado centralizado. Por analogía, en Galicia habría habido segunda vuelta entre Manuel Fraga y Emilio Pérez Touriño, quedando fuera de la competición Antxo Quintana. Los votos del Bloque quizás hubieran confluido en el candidato de izquierda, aunque es probable que algunos sectores del PSOE, por ejemplo, coruñeses cercanos a Francisco Vázquez, antinacionalistas, hubieran optado, en esa hipótesis, por Fraga o se hubieran abstenido para no ir en amalgama con los antisistema del BNG, coalición dominada ahora por los más radicales de la Union do Pobo Galego. Pérez Touriño nunca hubiera dependido de los separatistas.

• Correcciones

En Alemania, en elecciones generales, los votantes depositan una papeleta por su circunscripción y otra a una lista nacional, de circunscripción única. De esa manera, por ejemplo, a la CSU de Baviera no le ha interesado -no ha tenido incentivos- devenir en partido nacionalista, sino coaligarse con la CDU. Todos los sistemas electorales de naciones con experiencia democrática establecen serias correcciones a las fuerzas centrífugas. Sólo el español se basa en un demoledor incentivo a éstas. Conviene recordar lo obvio: la democracia es el gobierno de las mayorías, desde el respetoa las minorías. No es -como es notorio y lacerante en España- el gobierno de las minorías.

Un partido que ha descendido en votos y ha obtenido menos escaños, que es a mucha distancia la tercera fuerza política, como el caso del BNG, nunca hubiera tenido la más mínima posibilidad de condicionar la vida política ni, mucho menos, de acceder al poder.

Nuestro sistema electoral es el peor de los posibles, está literalmente destruyendo a la nación -un concepto definible para Cataluña, pero no para España, según Norberto Bobbio y su discípulo españolcontra la voluntad manifiesta de la inmensa mayoría.

Antes que reformar la Constitución y los estatutos hay que cambiar con urgencia el sistema electoral cuyos efectos perversos son:

a) impide la generación de un partido bisagra nacional (casos de CDS e IU), pues D'Hondt penaliza al tercer partido con voto disperso;

b) concede el bisagrismo a los partidos nacionalistas, antisistema y anti-España, pues concentran sus votos en unas pocas circunscripciones;

c) resulta más rentable votar nacionalista, pues esas fuerzas tienen más capacidad de chantaje presupuestario y de reparto de botín;

d) los pactos con los nacionalistas infectan a los partidos nacionales, legitimando al nacionalismo como la centralidad política. Muy claro en los casos de PSC, PSE y, en menor medida, en el del PPC.

La conclusión es proceso autodestructivo -lo que he denominado el suicidio de España- de la convivencia. Aquí las minorías imponen su dictado y toleran a la mayoría. El proceso, iniciado en 1997, está ya en su fase terminal. Se ha confirmado lo indicado por «Epoca» la semana pasada: se abre en Galicia el tercer frente de demolición nacional. Antxo Quintana es la terminal de Carod-Rovira, se mueven en la órbita moral de Batasuna y, al fondo, los pistoleros de ETA. Todos encantados con ZP.

• Candidato idóneo

Al margen de la estrecha relación entre el 11 y el 14-M, el PP no aprovechó su mayoría absoluta para modificar el sistema electoral. Aznar se acomodó al modelo, en el que se sentía a gusto. Hizo una sucesión autocrática, a gusto de los monclovitas y a espaldas de las bases. Mariano Rajoy era el candidato idóneo para Galicia.

Ahora se hace ya improrrogable la renovación no sólo en las tierras galaicas, sino también en el ámbito nacional, donde es preciso que se dé paso a una generación -los nuevos cachorros lanzados por «Epoca»- que sestea en el Congreso, sin recibir la cancha necesaria, mientras sus jefes se preocupan fundamentalmente por obtener los mejores despachos posibles. Renovación de ideas y renovación de discurso. O el Partido Popular asume el regeneracionismo o -autista- se hará inservible para la sociedad civil movilizada
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