26 de enero 2005 - 00:00

Chiitas: ¿fervor electoral o estrategia?

Bagdad - En octubre pasado, Muslim al Jamrani dedicaba la mayor parte de la jornada a permanecer emboscado en una esquina del Sector 27 a la espera de los blindados norteamericanos. Por la noche se replegaba a la mezquita de Hussein para evitar la devastadora potencia de fuego del bombardero AC-130. Era una época en que la calle Safara (« embajada») se apodabaVietnam, y en los accesos al templo que dirige Al Jamrani se multiplicaban las bombas ocultas en el asfalto.

Hoy, los explosivos y los milicianos apostados con RPG y Kalashnikov han desaparecido de Safara
. Lo mismo que parte de los enormes cúmulos de basura que caracterizaban a este suburbio de Bagdad. «El gobierno ha contratado a mucha gente para limpiar Ciudad Sadr. Antes era el tiempo de la 'intifada' ( levantamiento). Ahora estamos en paz. Nos dedicamos a leer el Corán y nos hemos reconvertido en una asociación cultural», admite Al Jamrani, uno de los antiguos jefes locales del Ejército del Mahdi, la milicia del clérigo Muqtada al-Sadr.

La argumentación del propio iraquí de 36 años ha cambiado de manera radical. Incluso admite que votará el próximo día 30. «Es cierto que sólo hemos escuchado promesas y que seguimos sin agua, sin electricidad, sin gasolina... pero espero que las elecciones contribuyan a mejorar la situación», asegura.

Muchos de los más de 2 millones de habitantes que se hacinan en Ciudad Sadr comparten la tesis de Muslim
. El enorme suburbio chiita de 42 kilómetros cuadrados es, de hecho, el único enclave de la capital donde la fiebre electoral parece haber prendido con cierta relevancia.

La última encuesta hecha pública el día 17 por el diario local «Al-Mada» indicaba que 71% de los residentes de Ciudad Sadr piensa emitir su voto, muy por encima del promedio de participación que se espera el día 30.

«Durante 30 años estuvimos oprimidos. Ahora vamos a recuperar nuestros derechos. Vamos a dar voz a toda esta gente», afirmó el último viernes Al Sheik uno de los candidatos más activos en Ciudad Sadr.

• Desembolso

El giro que ha experimentado Ciudad Sadr comenzócon el alto el fuego firmado por Al Sadr y las fuerzas de EE.UU. en octubre. El acuerdo supuso la liberación de los principales asesores del joven líder chiita a cambio de la entrega de las armas de sus milicianos. Tras una recolección de dos semanas, el viceprimer ministro, Barham Salih, declaró ufano que los seguidores de Al Sadr habían rendido cerca de 9.000 armas, incluidos 2.000 AK-47 y 3.000 RPG antitanque. Claro está, los residentes locales sólo aceptaron desembarazarse de este arsenal previo pago. Salih reconoció que los estadounidenses habían desembolsado 5 millones de dólares a tal efecto.

El segundo eje de la nueva política norteamericana vino de la mano de un ambicioso programa de renovación del suburbio donde ya se han gastado 134 millones de dólares y que ahora emplea a cerca de 18.000 personas.

«Uno de los responsables de los trabajadores es
Abu Dharr al-Kinani», el ex portavoz oficial del Ejército del Mahdi, reconoce Muslim al Jamrani.

La tranquilidad aparente que se aprecia en el distritocientos de niños jugaban en hamacas y norias aprovechando la Fiesta del Sacrificio-se quebraba tan sólo en las contadas calles donde los soldados estadounidenses habían establecido controles. Pero incluso éstos se realizan ahora a pie, cuando antes los uniformados raramente se atrevían a abandonar sus tanques Bradley.
«Lo que vemos en Ciudad Sadr es lo que puede ser el futuro», manifestó recientemente el general Jeffrey Hammond, jefe de la unidad militar que controla el suburbio, en una rueda de prensa.

Con todo, los antiguos integrantes del Ejército del Mahdi
advierten sobre la posibilidad de que toda esta calma sea un mero «espejismo», en palabras de Ali Gasi Ogla, uno de los subalternos de Muslim. Ambos reconocen abiertamente que nunca entregaron sus armas. «El truco es que los americanos pagaban 150 dólares por cada AK-47 y en el mercado negro valen menos de 100, así que la gente los vendió, se compró otro nuevo y todavía ahorró dinero. Los verdaderos miembros del Ejército del Mahdi siguen preparados. Si Muqtada nos dice que hay que luchar volveremos a combatir», sentencia Ogla, un muchacho de 23 años.

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