Chiitas: ¿fervor electoral o estrategia?
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Hoy, los explosivos y los milicianos apostados con RPG y Kalashnikov han desaparecido de Safara. Lo mismo que parte de los enormes cúmulos de basura que caracterizaban a este suburbio de Bagdad. «El gobierno ha contratado a mucha gente para limpiar Ciudad Sadr. Antes era el tiempo de la 'intifada' ( levantamiento). Ahora estamos en paz. Nos dedicamos a leer el Corán y nos hemos reconvertido en una asociación cultural», admite Al Jamrani, uno de los antiguos jefes locales del Ejército del Mahdi, la milicia del clérigo Muqtada al-Sadr.
Muchos de los más de 2 millones de habitantes que se hacinan en Ciudad Sadr comparten la tesis de Muslim. El enorme suburbio chiita de 42 kilómetros cuadrados es, de hecho, el único enclave de la capital donde la fiebre electoral parece haber prendido con cierta relevancia.
• Desembolso
«Uno de los responsables de los trabajadores es Abu Dharr al-Kinani», el ex portavoz oficial del Ejército del Mahdi, reconoce Muslim al Jamrani.
La tranquilidad aparente que se aprecia en el distritocientos de niños jugaban en hamacas y norias aprovechando la Fiesta del Sacrificio-se quebraba tan sólo en las contadas calles donde los soldados estadounidenses habían establecido controles. Pero incluso éstos se realizan ahora a pie, cuando antes los uniformados raramente se atrevían a abandonar sus tanques Bradley. «Lo que vemos en Ciudad Sadr es lo que puede ser el futuro», manifestó recientemente el general Jeffrey Hammond, jefe de la unidad militar que controla el suburbio, en una rueda de prensa.
Con todo, los antiguos integrantes del Ejército del Mahdi advierten sobre la posibilidad de que toda esta calma sea un mero «espejismo», en palabras de Ali Gasi Ogla, uno de los subalternos de Muslim. Ambos reconocen abiertamente que nunca entregaron sus armas. «El truco es que los americanos pagaban 150 dólares por cada AK-47 y en el mercado negro valen menos de 100, así que la gente los vendió, se compró otro nuevo y todavía ahorró dinero. Los verdaderos miembros del Ejército del Mahdi siguen preparados. Si Muqtada nos dice que hay que luchar volveremos a combatir», sentencia Ogla, un muchacho de 23 años.




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