26 de abril 2005 - 00:00

Choque de tren en Japón dejó más de 70 muertos

Vista aéreadel trenquedescarrilóayer enJapón yembistiócontra unedificio. Setrata de lapeortragediaferroviariaen 42 añosen esepaís. (izquierda) Las tareas de rescate de sobrevivientes eran ayer incesantesen el tren japonés siniestrado. Al parecer, la causa de latragedia fue la excesiva velocidad a la que viajaba el convoy. (derecha)
Vista aérea del tren que descarriló ayer en Japón y embistió contra un edificio. Se trata de la peor tragedia ferroviaria en 42 años en ese país. (izquierda) Las tareas de rescate de sobrevivientes eran ayer incesantes en el tren japonés siniestrado. Al parecer, la causa de la tragedia fue la excesiva velocidad a la que viajaba el convoy. (derecha)
Amagasaki, Japón (AFP, EFE, ANSA, Reuters, DPA) - En el peor accidente ferroviario en 42 años, al menos 73 personas murieron y más de 400 resultaron heridas ayer, cuando un tren descarriló a la mañana en Amagasaki, al oeste de Japón, al parecer, por la excesiva velocidad que llevaba.

Comenzada la noche en Japón, centenares de bomberos, militares y policías se preparaban para mantener, a la luz de potentes focos, la búsqueda de supervivientes.

Los equipos de rescate lograron localizar a media tarde a cuatro personas aún con vida (dos hombres y dos mujeres, a quienes se les suministró agua), atrapadas en el montón de chatarra en que quedaron convertidos los dos vagones de tren «incrustados» en un edificio de ocho plantas tras descarrilar el convoy.

Allí, entre hormigón y hierros retorcidos, había al cierre de esta edición una decena de personas atrapadas, entre ellas, las cuatro que por la tarde de ayer aún estaban vivas, indicaron los bomberos.

Sin embargo, según dijeron otros bomberos, citados por la cadena de televisión NHK, podría haber más gente, de quienes se teme lo peor, en el vagón inferior, incrustado a presión en el sótano del edificio como una caja de cartón y del que apenas se ven las ruedas bajo la carcasa doblada del segundo coche.

• Confusión

El accidente ocurrió a las 9.18 locales, plena hora pico, cuando un tren metropolitano de la compañía Japan Railways West se salió de las vías en una curva a su paso por la localidad de Amagasaki, a 400 kilómetros al oeste de Tokio, en la provincia de Hyogo.

Cinco de los siete vagones del tren, en el que viajaban 580 personas, se precipitaron contra los pisos bajos del edificio de viviendas situado a poco más de seis metros del tendido ferroviario.
Cuando se disiparon el polvo y la humareda levantados por el brutal impacto, los vecinos de la zona asistieron a una escena dantesca: los vagones descarrilados se habían plegado en forma de acordeón y dos de ellos aparecían empotrados contra el edificio.

Inmediatamente comenzó el rescate, con la movilización de equipos de bomberos y policía de la región, y varias unidades militares allí estacionadas y enviadas por el gabinete de crisis formado por el gobierno japonés.

De la confusión inicial, con cifras que hablaban de unos pocos heridos, se pasó pronto a la magnitud real de la catástrofe. Este accidente superó al ocurrido en 1991 en la provincia de Shiga, cuando al menos 42 personas murieron y 614 resultaron heridas tras chocar dos trenes, en un suceso que conmovió al país y lanzó una campaña nacional para mejorar la seguridad ferroviaria.

Muchos años antes, en noviembre de 1963, se había producido el peor accidente ferroviario de la historia de Japón, cuando 161 personas murieron tras chocar tres trenes en Tsurumi, cerca de Tokio.

Japón tiene una de las redes ferroviarias más extensas y seguras del mundo, que transporta unos 60 millones de personas -casi la mitad de la población del país- por día.


Las circunstancias del suceso de hoy son aún confusas, aunque los expertos parecen decantarse por un exceso de velocidad del convoy al tomar la curva de Amagasaki, motivado por un posible error humano del conductor del tren, un joven de 23 años. El conductor, que sólo tenía once meses de experiencia en su puesto, es una de las personas aún desaparecidas.

Según los expertos de JR West, para que un tren descarrile en esa zona tendría que haber superado antes los 133 kilómetros por hora, siendo la velocidad máxima estipulada para tomar ese tramo de curva de 70 kilómetros por hora.

Además, añadieron los especialistas, el sistema de control de esa parte de la línea donde se produjo el accidente es uno de los más antiguos del país y no contaba con el sistema de frenado automático que se dispara cuando se sobrepasa el máximo de velocidad permitida.

Numerosos pasajeros señalaron que el tren se desplazaba a mucha mayor velocidad que la habitual cuando el convoy abandonó la estación de Itami, como si tratara de recuperar el tiempo perdido poco antes. En esa estación, el tren de cabecera sobrepasó en ocho metros el andén, y su conductor tuvo que realizar una maniobra de retroceso a fin de que los pasajeros pudieran acceder a todos los vagones.

Los técnicos aventuran que el conductor pudo intentar ganar el tiempo perdido (algo más de un minuto) acelerando el convoy, con un resultado catastrófico al dar la citada curva.

Pese a todo, los responsables de JR West no descartaron que en el accidente se conjugaran otras circunstancias, al descubrirse en las vías, a 60 metros del lugar del descarrilamiento, las marcas de fricción producidas cuando las ruedas arrollan un objeto sólido, del tipo de una piedra, por ejemplo.

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