17 de enero 2006 - 00:00

Cómo consiguió el oficialismo su 4° triunfo electoral

Santiago (enviado especial) - A primera vista no resulta un hecho histórico o sorprendente que una alianza de gobierno logre sostenerse en el poder en una elección. Pero, si se acerca la lupa, aparecen con nitidez aspectos especiales que hacen del triunfo de Michelle Bachelet un verdadero hito en la historia de Chile: su condición de primera mujer en llegar a la Presidencia y el hecho de que la Concertación Democrática inicie su cuarto mandato consecutivo, con el que completará 20 años de ejercicio del poder.

Eso, su condición de mujer, fue el principal activo de Bachelet, algo que podía resultar insospechado hasta hace un tiempo.

Tomás Duval
, del Instituto Libertad, proclivea la derecha opositora, le reconoció a Ambito Financiero que el gran mérito de la socialista «fue decidirse a imponer como figura, imponer su trayectoria política, algo muy importante en un mundo político como el chileno, dominado por lo masculino».

La segunda causa del éxito más citada por los analistas fue haber dado a tiempo un golpe de timón a una campaña inicialmente tímida, que llevó a que el voto por Bachelet en la primera vuelta estuviera varios puntos por debajo del obtenido por las listas parlamentarias de la Concertación.

Duval explicó en este sentido que en el primer tramo de su campaña Bachelet «tuvo una tendencia a no exponerse, a pesar de que su figura era atractiva. Como suele decirse aquí: 'los cuidados del sacristán matan al cura'».

Gutenberg Martínez, concertacionista convencido, líder del ala opositora al actual liderazgo de la Democracia Cristiana y posible ministro del próximo gobierno, coincide y explica que, tras esa etapa, «la campaña para la segunda vuelta fue revitalizada por la incorporación al comando de Bachelet de liderazgos importantes y por la recuperación de la movilización».

La otra parte del éxito de la pediatra y cirujana socialista corresponde, seguramente, a errores de la campaña de Sebastián Piñera o a dificultades estructurales de la derecha, que consiguió en él a un candidato capaz de modernizarla y hacerla aceptable por una mayoría, pero que no pudo seguirle el ritmo por estar en parte atada al pasado pinochetista.

Esto explica la reticencia de muchos dirigentes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), socio mayor de la Alianza por Chile, a comprometerse con el candidato ( representante de la más moderada Renovación Nacional). Esas tensiones reverdecerán ahora con una durísima batalla por el control de la oposición. Según Gutenberg Martínez,
«Sebastián tenía la legitimidad de haberse opuesto a Pinochet y puso en juego un proyecto de centroderechademocrático y renovado, que no sé si ahora lo podrá sostener. De hecho hizo una muy buena campaña para la primera vuelta pero luego se estancó».

Claro, para la segunda vuelta debió atender las demandas del electorado más conservador de la UDI, a fin de sumar sus votos.

Otro error imputable a Piñera es el haber ignorado en el último tramo de la campaña a su rival, y el haber puesto la mira en
Ricardo Lagos, a quien no dejó de criticar y atacar. Con esto puso de manifiesto un machismo solapado, que intentaba presentar a la candidata socialista como débil o poco capaz, y se terminó echando encima la enorme popularidad del mandatario saliente, que llega a un impactante 75%.

Por último, lo que se le achacó durante toda la campaña, su dificultad para seducir el voto femenino, se reveló como falso. Con los datos oficiales en la mano, surge que Piñera obtuvo casi el mismo resultado entre hombres (46,3%) y entre mujeres (46,67%). El reflejo es obvio: Bachelet sacó 53,69% y 53,32%, respectivamente.

• Cansancio incipiente

Sin embargo, más allá de los méritos de Bachelet y de las limitaciones de Piñera, es evidente que el centroderecha logró una votación muy fuerte y que sigue representando a casi la mitad del país, que acusa un incipiente cansancio ante el largo predominio de la Concertación. ¿Qué hacer ante este panorama?

«Lo que tenemos que hacer ahora no es un cuarto gobierno de la Concertación sino un nuevo gobierno de la Concertación. Eso significa que tenemos que poner el acento en las nuevas necesidades que ha creado el propio proceso de modernización de Chile. Este país necesita poner un acento importante en la cohesión social, lo que en parte se ha hecho con la reducción de la pobreza, pero que debe ser reforzado», dijo a
Ambito Financiero la senadora electa democristiana Soledad Alvear, esposa de Martínez y cada vez más influyente.

Otro senador poderoso del oficialismo, el socialista Carlos Ominami, advirtió que el futuro gobierno no deberá dormirse en los laureles y que «tendrá que corregir la escisión que hay entre ciudadanos y partidos».

Para conseguirlo, deberá atender varios asuntos urgentes conforme a las expectativas populares: ampliar la cobertura del sistema previsional privado (sólo 60% de los trabajadores hace aportes), mejorar la deteriorada seguridad pública, mejorar la atención en los hospitales públicos y lidiar con el díscolo
Evo Morales, que condiciona la llegada de gas a una salida al mar para Bolivia. Muchos desafíos y sólo 4 años.

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