Conmociona a Casa Blanca traición del ex vocero de Bush
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Scott McClellan y George W. Bush en tiempos mejores, cuando
el primero era, además del portavoz del presidente, su
funcionario más leal. Pero ahora publica un libro que revela
las miserias de la administración antes de la guerra en Irak.
El portavoz no escatima reproches a los periodistas acreditados ante la Casa Blanca, a los que acusa de no haber sido lo suficientemente críticos. «Las fallas en los argumentos para ir a la guerra, que se hicieron evidentes meses después de la invasión, no debieron haber causado tal sorpresa», denuncia.
McClellan también entona un «mea culpa» al admitir que buena parte de sus declaraciones en las ruedas de prensa diarias resultaron ser «muy erróneas». Tampoco se libra de las censuras la reacción de la Casa Blanca tras el huracán Katrina, en 2006: «se pasó la primera semana sin querer reconocer lo que estaba pasando».
Algunas de las palabras más duras se reservan para los asesores políticos Karl Rove y Scooter Libby, de los que sugiere que «como poco, me engañaron» sobre su papel en el llamado «escándalo Plame», la filtración a la prensa del nombre de una agente de la CIA.
Bush se ve retratado de manera algo más suave, aunque tampoco se libra del todo.
McClellan lo describe como «auténtico» y «sincero», pero también como alguien poco dispuesto a admitir errores y que «se convence de lo que le conviene creer en un momento dado».
El libro, que contiene títulos de capítulos como «Revelación y humillación» o «Desconectado de la realidad», causó sorpresa debido a la larga y cordial relación entre McClellan y Bush. Los lazos entre ambos vienen de muy lejos, cuando el actual presidente era gobernador en Texas y él licenciado en Derecho -hijo de una conocida familia política en ese estado-ya era su portavoz.
Tras la victoria de Bush en las elecciones de 2000, McClellan lo siguió a la Casa Blanca como parte de un círculo de asesores texanos del que formaban parte también funcionarios como Dan Bartlett o el propio Rove.
En 2003 se convirtió en el principal portavoz de la Casa Blanca, donde combinó su afabilidad innata con una absoluta lealtad al presidente para convertirseen un muro ante la prensa.Cuando anunció su dimisión, en 2006, Bush lo felicitó por «un trabajo bien hecho».
La primera sorprendida por el tono del libro fue la propia Casa Blanca. La actual portavoz, Dana Perino, emitió ayer un comunicado en el que asegura que «Scott, ahora lo sabemos, está descontento de su experiencia en la Casa Blanca».
«Aquellos de nosotros que lo apoyamos antes, durante y después de ser secretario de prensa, estamos desconcertados. Es triste: éste no es el Scott que conocíamos», agregó Perino.
Otros ex consejeros de la Casa Blanca se mostraron igualmente críticos.
Rove, actualmente comentarista político en la cadena «Fox News», afirmó que «si tenía esas dudas morales, tenía que haberlas comentado y, la verdad, no recuerdo que dijera nada. Ni una palabra».
Por su parte, la ex asesora de Seguridad Interna de la Casa Blanca, Fran Towsend, afirmó que la publicación del libro es «egoísta, maliciosa y poco profesional».



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