Conmueve a Japón un escándalo bursátil

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Tokio (ANSA, EFE, AFP, Reuters) - El símbolo de la nueva economía japonesa, Takafumi Horie, alias «Horiemon», de 33 años, y tres dirigentes de su compañía Livedoor, ex coloso de Internet acusado de falsas comunicaciones societarias y transacciones ilegales, fueron arrestados ayer por orden de la fiscalía de Tokio, provocando un terremoto en el corazón político y financiero de Japón.

La detención de Horie, que en apenas diez años pasó de ser una joven promesa surgida de la Universidad de Tokio al símbolo del Japón de las reformas y «protegido» del premier Junichiro Koizumi, se produjo casi de improviso, poco después del cierre de la Bolsa de Tokio, que ayer debió cerrar 20 minutos antes que lo habitual y terminó sufriendo un nuevo derrumbe de 2,14%.

Según fuentes de la fiscalía, el arresto se decidió sobre la base de «pruebas materiales irrefutables» acerca de las continuas violaciones a la ley mediante intercambios accionarios.

Livedoor logró expandirse de manera increíble comprando en pocos años más de 40 compañías mediante un esquema fundado en la manipulación del valor de las acciones y en la difusión de rumores para hacer subir los precios, seguido de la difusión de balances societarios fraudulentos destinados a ocultar pérdidas.

La fiscalía acusa a la empresa de difundir información corporativa falsa al comprar sociedades, inflar sus resultados, manipular los libros contables, realizar transacciones ficticias y manipular los precios de las acciones
.

Hace una semana comenzaron los primeros allanamientos de la policía en la sede de Livedoor, ubicada en el rascacielos de 54 pisos Mori Tower, del nuevo centro comercial y residencial de Roppong, en pleno Tokio.

Desde ese lugar, símbolo de la nueva economía y de la cultura del Japón globalizado, Horie difundió el domingo un mensaje donde sostenía su plena inocencia y la de sus principales colaboradores, arrestados ayer con él.

Se trata de
Ryoji Miyauchi, de 38 años, su brazo derecho y director financiero de Livedoor; Fumito Okamoto, de 38 años, presidente de Livedoor Marketing; y Osanari Nakamura, de 28 años y presidente de Livedoor Finance.

Según la agencia japonesa «Kyodo», los colaboradores de Horie negaron en interrogatorios recientes que su jefe haya tenido algo que ver en las manipulaciones de las que está acusado.

Para hacer más oscuro el caso, un amigo y cercano colaborador de Horie fue hallado muerto la semana pasada en Okinawa (sur de Japón), aparentemente tras haberse suicidado en una habitación de hotel
.

Ahora el Japón político, financiero y mediático, que hasta el domingo había mimado a Horie -incluso Koizumi lo quiso como parte de su lista en las elecciones anticipadas del año pasado-se pregunta cómo fue posible no darse cuenta -en caso de que las acusaciones de la fiscalía sean verdaderas- de que Livedoor
no era más que un montaje sin fundamento.

Interrogante

El país también se pregunta cómo es posible que Horie haya convertido a la empresa, creada en 1996 con un capital de 50.000 dólares prestados por amigos, en un gigante cotizado en Bolsa en 6.000 millones de dólares, de los que ya perdió dos tercios.

Livedoor posee el popular sitio www.livedoor.co.jp, y unas 50 compañías que incluyen consultoras financieras e informáticas, editoriales y firmas de compraventa de acciones.

Las primeras reacciones en caliente son de desconcierto e incomodidad:
«Es justo que la investigación siga su curso. Si hay delitos, serán castigados», se limitó a decir Koizumi.

El premier, sin embargo, quiso precisar que no se siente en absoluto cuestionado por su decisión del año pasado de elegir a «Horiemon» con el fin de atraer el voto de las jóvenes generaciones en busca de reformas.

Las reacciones en el mundo de la economía y las finanzas fueron idénticas.
«Habrá que revisar las leyes para prevenir escándalos semejantes», dijeron fuentes de la Bolsa de Tokio.

En la calle, la gente mostró desconcierto. Muchos jóvenes aún lo apoyan pero los ancianos, que desconfiaban, se toman una tardía revancha: «El dinero se debe ganar con el sudor de la frente. Las fortunas de Horie eran un insulto para millones de trabajadores honestos y conscientes».

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