La Paz (AFP, EFE, ANSA) - El presidente boliviano, Carlos Mesa, salió muy debilitado de las protestas celebradas en los últimos días, al extremo de haber perdido a su principal puntal, el líder cocalero Evo Morales. La ruptura entre ambos es tal que Morales emplazó al jefe de Estado a aplicar un plan «a favor del pueblo» o a llamar a elecciones anticipadas, en cuyo caso ya se declaró «preparado para gobernar».
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El presidente alcanzó a conjurar la protesta de la combativa ciudad de El Alto, en huelga durante tres días, sólo después de echar del país a la concesionaria Aguas del Illimani, filial del grupo francés Suez Lyonnaise Des Eaux, acusada por los vecinos de esa ciudad pobre de habitantes indígenas de contravenir los términos de la concesión. Su decisión sembró dudas en los inversionistas y acrecentó el riesgo-país, según expertos.
Pero luego de apaciguar costosamente a El Alto -localidad que hace quince meses, los mismos que lleva en el poder, había expulsado tras una sangrienta sublevación al presidente constitucional Gonzalo Sánchez de Lozada-, no pudo aquietar la situación en la ciudad de Santa Cruz, alzada contra su decisión de subir el precio de los combustibles.
Resultó insuficiente un paquete de medidas tendientes a reactivar la economía en el agro de esa región, la más pujante del país, volcada ahora sin embozo en su contra.
El líder de la protesta en Santa Cruz, Rubén Costas, la emprendió contra el mandatario, a quien tildó de «impotente y extremista pendular». Dijo que su región reclamó, por medio de una paro general entre el martes y el miércoles, «contra el desgobierno, el caos y la anarquía impuestas desde los centros de privilegio». En medio de pedidos de autonomía regional, exigió soluciones a la crisis económica y que «no se siga gobernando a espaldas del pueblo».
En el camino de las protestas con que abrió el año, Mesa perdió el apoyo de Morales, líder de la segunda formación del Congreso. Considerado hasta ayer el más firme respaldo del presidente, un enfadado Morales consideró a Mesa como el «principal enemigo del país», por la supuesta obstinación del mandatario de elevar el precio de los combustibles.
Tras un año y tres meses de apoyarlo ininterrumpidamente, Morales pidió que «si el presidente no atiende al pueblo, es mejor que adelante las elecciones», previstas inicialmente para 2007.
El líder indígena, quien en 2002 disputó el sillón presidencial a Sánchez de Lozada, expresó su convicción: «Ahora estoy preparado para gobernar».
Uno de sus ex colaboradores más cercanos, el senador izquierdista Filemón Escobar, criticó a Morales por «hacer consonancia con la oligarquía de Santa Cruz».
De hecho, Morales no hizo otra cosa que sumarse a los pedidos de su oponente, la empresarial Cámara Agropecuaria del Oriente, de Santa Cruz, que ya había demandado a Mesa que convocara elecciones anticipadas. En la misma corriente navegó el líder de los sindicatos, Jaime Solares. Contra el jefe de Estado también disparó el jerarca de los campesinos aymaras, Felipe Quispe, quien se dijo decidido a «tumbar a Mesa».