José Dirceu, hombre fuerte del gobierno brasileño hasta que las denuncias de corrupción lo convirtieron en la víctima más notoria del escándalo por la financiación ilegal del Partido de los Trabajadores, quedó muy resentido con Lula da Silva. Un resentimiento que destiló durante un almuerzo con amigos el fin de semana último, que -¿sin que él lo quisiera?- trascendió al diario «O Globo».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Según dijo en la reunión, Dirceu cree que el presidente deberá apelar a algo más que su trayectoria, como a su juicio sucedió en 2002, si quiere ser reelecto en 2006. «Yo sólo voto a Lula da Silva, y hago campaña por él, si dice lo que va a hacer», indicó. De cualquier forma, es poco probable que el mandatario lo quiera como una figura visible en su campaña electoral debido al descrédito que hoy lo rodea.
Pero Dirceu fue más allá: «La elección de 2006 será imprevisible, y estoy feliz con eso».
Por otro lado, afirmó que no piensa que el alcalde de San Pablo, José Serra, pueda derrotar a Lula en las elecciones, a pesar de que las últimas encuestas lo ubican por encima del presidente. «Serra es demasiado independiente. ¿ Ustedes creen que el establishment, la Federación de Industrias de San Pablo, o la Federación de Bancos, van a dejar que Serra sea presidente? No lo dejaron la otra vez (en 2002), y no lo van a dejar ahora», afirmó. «Las elites quieren un obediente, un presidente dócil a las reglas del capital internacional. No quieren que Serra sea presidente por causa de sus virtudes, no por sus defectos.» Quienes asistieron al almuerzo aseguran que Dirceu tuvo toda la intención de presentar a Lula como el hombre sumiso que prefieren los factores de poder.
Durante el escándalo, el presidente se limitó a defender más que tibiamente a su ex mano derecha, pero, para compensar, dijo públicamente haber sido «traicionado» por su partido, del que Dirceu era la eminencia gris.
Dejá tu comentario