Crisis Londres-Moscú por acusación contra un ex KGB

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Londres y Moscú (Reuters, AFP, EFE) - Fiscales británicos acusaron ayer a un ex agente de la KGB de envenenar con polonio radiactivo a su compatriota y ex espía Alexander Litvinenko y exigieron su extradición, lo que expone a Moscú y Londres a un serio conflicto diplomático propio de las más recordadas intrigas de la Guerra Fría.

La Fiscalía británica dijo que quiere presentar a Andrei Lugovoy ante un tribunal y acusarlo por el «crimen extraordinariamente grave» de Litvinenko, producido en Londres en noviembre último.

La Oficina de Relaciones Exteriores británica citó al embajador ruso y le dijo en fuertes términos que esperaba «total cooperación» en torno del caso Lugovoy, pero el despacho del fiscal general de Rusia sostuvo que la Constitución impide la extradición de ciudadanos rusos.

Un portavoz del Kremlin aseguró a la cadena BBC que la carta magna rusa no permite que sus nacionales sean extraditados a terceros países, y agregó que está esperando que «los británicos hagan algo más que emitir comunicados».

La contundente negativa fue también confirmada por la oficina del fiscal general ruso, para quien «no hay manera» de que Lugovoy sea extraditado,ya que un ciudadano que «comete un delito en el extranjero, en base a información entregada por este Estado puede ser llevado ante un tribunal, pero sólo en territorio ruso.

Mientras, un portavoz del primer ministro británico Tony Blair señaló que «nadie debería poner en duda la seriedad con la que consideramos este caso. Un asesinato es un asesinato».

  • Decisión política

    Lugovoy, de 42 años, negó las acusaciones. Según dijo a la agencia de noticias rusa «Itar-Tass», «esta decisión está motivada políticamente. Yo no maté a Litvinenko, no tengo nada que ver con su muerte y puedo probar mi desconfianza hacia la denominada evidencia recogida por el sistema de justicia británico». Asimismo aseguró que él era una « víctima contaminada» y que toda su familia estuvo en riesgo debido a su contacto con el ex espía.

    Además, adelantó enigmáticamente que «pronto» hará «una declaración pública que causará conmoción en la opinión publica británica. Esta cambiará radicalmente la valoración de los eventos acontecidos en los últimos años en el Reino Unido en torno de varias figuras de origen ruso».

  • Intento de fuga

    Lugovoy es uno de los tantos miembros de los servicios secretos que se pasaron al negocio de la seguridad privada tras la caída de la URSS. Su rostro fue conocido luego de haber organizado en 2001 un intento de fuga de la cárcel de Nikolai Glushkov, subdirector general de la compañía rusa Aeroflot. Tras abandonar la prisión, fundó en 2002 la compañía privada de seguridad Deviati Val. Hasta el asesinato de Litvinenko, la agencia brindaba servicios de seguridad a empresas británicas con intereses en el mercado ruso.

    El caso más tenebroso de asesinato y espionaje desde la Guerra Fría ha tensado las relaciones entre Gran Bretaña y Rusia y el anuncio de ayer amenazó con agravar aun más la situación.

    Los lazos entre el Kremlin y la Unión Europea se han enfriado debido a una amplia gama de diferendos, que van desde la instalación de un escudo antimisiles patrocinado por EE.UU., hasta las violaciones a los derechos humanos en Rusia.

    En tanto, los países europeos dependen en buena medida de las grandes importaciones de gas y petróleo desde Rusia, un flujo a veces dificultado por tensiones políticas entre Moscú y los países del este europeo por donde pasan los ductos, como Ucrania y Bielorrusia.

    Litvinenko, un ex agente de la KGB que se había convertido en un acérrimo opositor en el exilio al presidente Vladimir Putin, se reunió con Lugovoy y otro empresario ruso, Dimitry Kovtun, en un bar del hotel londinense Millennium el 1 de noviembre del año pasado. A las pocas horas cayó gravemente enfermo y fue internado en un hospital, donde inició una penosa agonía de tres semanas. Las imágenes de su demacrado cuerpo, conectado a numerosos aparatos médicos, fueron publicadas por todo el mundo.

    Finalmente, los médicos diagnosticaron un envenenamiento con polonio 210, un isótopo altamente radiactivo.
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