Deja el espionaje la agente por la que se disparó el CIA-gate
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Según explicó a «Los Angeles Times», un amigo de Plame y también ex agente de la CIA, Larry Johnson, tras la filtración deslizada, la carrera de la ex espía «terminó», y subrayó que «ella ya no podía trabajar más como agente secreto, su razón de ser».
Algunos rumores apuntaron que la ex agente podría presentar una demanda civil por daños y perjuicios contra el gobierno estadounidense, aunque por el momento no se han confirmado.
El caso tuvo otras repercusiones polémicas cuando la periodista de «The New York Times» Judith Miller pasó tres meses en la cárcel por negarse a revelar el nombre de la fuente que deslizó el nombre de Plame. Miller facilitó algunas informaciones difusas y recuperó su libertad en octubre. No obstante, esta periodista, que había ganado prestigio por su firme actitud de proteger a su fuente, debió luego renunciar en medio del mal clima en torno a ella que había en la redacción, a cambio de una indemnización millonaria. Sus colegas escribieron que Miller publicó como ciertas y sin cuestionamientos, durante 2002 y 2003, las versiones de la Casa Blanca y el Pentágono que afirmaban la existencia de armas de destrucción masiva en poder de la dictadura de Saddam Hussein, informaciones que resultaron ser falsas. Al parecer, Miller no había cotejado fuentes y su relación con sus informantes no mantenía la distancia adecuada, según sus colegas.




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