28 de septiembre 2006 - 00:00

Desencantados, estudiantes votan a Alckmin

San Pablo (enviado especial) - Recorrer la Ciudad Universitaria de la Universidad de San Pablo, una de las más prestigiosas de América latina, lo hace sentir a uno casi en Buenos Aires. Más grande que el de la UBA en la zona del Aeroparque, el «campus» de la USP concentra todas las carreras que la institución, sostenida por el gobierno estadual, ofrece en esta ciudad.

Como allá, las facultades de carreras como Ciencias Económicas o Administración parecen más ordenadas a la vista, con menos carteles y militancia política. Pero el aspecto de otras, las ligadas a las Ciencias Sociales, entrega el mismo panorama de mesas y puestos de partidos políticos, sobre todo de izquierda, que prevalece en la gran universidad pública argentina.

La USP fue, en las elecciones de 2002, territorio casi exclusivo de Luiz Inácio Lula da Silva; hoy es un museo de la vieja izquierda petista desencantada, esa parte de los simpatizantes iniciales del mandatario que no le perdonan su giro al centro ni sus escándalos de corrupción.

Si hace cuatro años primaba entre esos jóvenes idealistas de clase media, que votan desde los 16 años, -y entre sus profesores- la esperanza en una revolución imprecisa, lo que resalta hoy es la decepción.

Paulo, de 46 años, enseña Gestión de Personal. Votó a Lula hace cuatro años, pero esta vez se inclinará por el centrista Geraldo Alckmin. «Es que la gestión del gobierno no fue buena y estuvo plagada de escándalos políticos. Había mucho idealismo, se esperaba mucho de Lula, pero nada de eso se dio», justifica.

  • Problema central

    Según él, «lo mejor del gobierno fue no haber hecho cambios demasiado radicales, como los de Hugo Chávez o Evo Morales». Pero su mayor reproche recae en lo ético. «Quien está informado, no puede votarlo. El problema de la corrupción fue central en mi decisión de voto», explica.

    Según Ernesto, de 21 años, «el PT y el PSDB, el partido socialdemócrata de Geraldo Alckmin, son más mafias que partidos. Buscan el gobierno para hacer negocios y para asociarse con los banqueros». En su óptica, tampoco son atractivas candidaturas como las de la izquierdista Heloísa Helena, quien dejó el PT con las mismas quejas que él manifiesta hoy: «Heloísa no es una alternativa porque se fue del PT, porque no quiso discutir internamente y por su soberbia de pensar que ella tenía toda la verdad». Un resumen del petista dolorido.

    Un voto para Alckmin, otro nulo, la dispersión de los lulistas de 2002 también da para que se vote al primer ministro de Educación del actual gobierno, Cristovam Buarque, echado por teléfono por Lula por su obsesión por destinar más fondos a la enseñanza y por su heterodoxia en un partido que sus críticas califican como stalinista en su capacidad de debate. Esto es lo que hará el domingo Thiago, de 24 años y quien cursa Economía.

    «Es un voto de protesta. Lula fue elegido para hacer cambios, pero no los hizo. Mantuvo el modelo económico de Fernando Henrique Cardoso, las privatizaciones, todo. Su política exterior fue un desastre completo, perdiendo el contacto con países como Chile y Uruguay y entregándolos a la influencia de Estados Unidos. Y en lo que respecta a la corrupción, por más que diga que no sabía nada, la permitió y le creó un ambiente favorable», analiza.

    Heloísa Helena también se lleva algo de la izquierda estudiantil que abandonó a Lula en los últimos cuatro años. Mateus, de 19 años y futuro administrador de empresas, la elige por su acento en lo social. Lula exhibe logros en esa materia, para él «no son más que una continuidad de lo anterior. Hace falta más. Y no se puede ignorar que este gobierno está marcado por la corrupción».

    De la misma carrera, Priscila, de 20 años, es la más utilitaria. «Voy a votar por Alckmin, simplemente porque es el único que le puede ganar a LulaDa toda la impresión de creer menos que hace cuatro años en el amor.
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