División de la derecha favorece a Bachelet en el último tramo

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Santiago- La oposición chilenade centroderecha protagoniza la pelea más inoportuna que podía esperarse a sólo tres días de la crucial segunda vuelta electoral del domingo, un choque que genera dudas sobre su cohesión programática e, incluso, sobre el grado de compromiso de uno de sus dos grandes grupos con la candidatura de Sebastián Piñera.

Fue una jugada maestra del presidente Ricardo Lagos, quien había sido desafiado por el opositor a llevar al Congreso dos temas sensibles: un nuevo régimen para los trabajadores subcontratados (personas que trabajan para una empresa, pero que no mantienen una relación formal con ésta, sino con otra, con la que se terceriza un servicio) y el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.

Lagos tomó el desafío al pie de la letra, hizo suyos los proyectos y generó un descalabro en la derecha opositora que fue ayer la comidilla en todos los medios políticos.

Renovación Nacional
(RN), el partido de Piñera y el sector más moderado de la derecha, había acordado previamente con su socia, la Unión Demócrata Independiente (UDI), rechazar el segundo plan si la Concertación insistía en mantener el concepto de «pueblo» o «etnia» que, afirmaban, podría poner en riesgo la soberanía y la unidad nacionales.

Ante la firmeza de la Concertación en el asunto, y consciente de lo que habría significado rechazar la norma cuando apenas días antes el propio Piñera había prometido reconocimiento a los pueblos originarios, RN «bajó» la orden de levantar la mano en la sesión de la Cámara de Diputados. Los 20 diputados de la UDI finalmente se abstuvieron, frustrando la aprobación del principal artículo del proyecto.
La prensa oficialista se hizo ayer un festín y el propio Lagos puso el dedo en la llaga al poner en duda la « gobernabilidad» en caso de un triunfo opositor. Mientras referentes de la derecha se cruzaban ayer amargos reproches y hablaban en privado del « efecto nocivo» que la gaffe podría tener el domingo, públicamente se trataba de presentar el caso como un disenso propio de la democracia.

Ante la consulta de
Ambito Financiero, Tomás Duval, analista del Instituto Libertad (próximo a Piñera) señaló sobre la cuestión que «en este caso los partidos pueden tener opiniones diferentes. Si no, no estaríamos hablando de una coalición, sino de un partido único».

Pero el tema podría ir más allá: desde hace algunos días se habla de un
«trabajo a reglamento» de la UDI, el sector más conservador de la derecha chilena, debido a que encuestas encargadas por ese partido indicarían que la cuesta el domingo podría ser demasiado empinada.

En lo que sí Piñera pudo disciplinara la UDI fue en el tratamientode la iniciativa laboral, que afecta directamente a 1,5 millón de empleados subcontratados. El voto unificado de la oposición se sumó así al del oficialismo para dar media sanción en la Cámara baja a un proyecto que obliga a las empresas contratantes a garantizar por el pago de salarios e impuestos de las subcontratadas, a reducir a menos de seis meses la duración de los contratos temporales y a evitar las suplencias de personal en huelga.

El desempleo en sí no es un problema tan acuciante en Chile (de hecho llega a 7,6%) como sí lo es la llamada
«precariedad laboral» en la que viven cientos de miles de personas, sobre todo mujeres y jóvenes.

Según informó el diario «La Tercera»,
el fenómeno de la tercerización del trabajo ha llegado tan lejos que hoy las empresas ya no subcontratan sólo tareas secundarias (como limpieza, seguridad o alimentación), sino también actividades centrales, 20% de las cuales ya está en promedio en manos de personas que no pertenecen a las firmas en cuestión.


• Enfrentamientos

El tema es conflictivo, al puntoque empleados del gigante del cobre Codelco mantienen desde hace una semana una medida de fuerza en reclamo de un bonus de 1.000 dólares que derivó ayer en serios enfrentamientos, con decenas de heridos y detenidos.

¿Y Michelle Bachelet?
Hastaeste punto no se la ha mencionado en este artículo. Ocurre que, en el último tramo de la campaña, Piñera ha optado por confrontar directamente con Lagos. Intenta minimizar a la candidata socialista y mostrarse a la altura de un hombre del prestigio del presidente, que deja el poder con una popularidad envidiable de 71%. Pero el juego es peligroso, porque, en él, el viejo maestro puede volver a sacar ventajas: sabe que la clave del ballottage pasará, en buena medida, por transferir a su candidata al menos parte de esas simpatías. Por eso está jugando a fondo, a despecho de las acusaciones de injerencia política que parecen escandalizar a la dirigencia más tradicional, pero que a él le resbalan.

En tanto, los candidatos se preparaban ayer para el cierre de la campaña, para el que prometen actos masivos y de fuerte impacto. Bachelet convocará en el centro de Santiago, donde pretende juntar 100 mil personas. Para ello contará con la actuación convocante de los españoles Miguel Bosé, Ana Belén y Víctor Manuel, entre otros.

Para «realzar el valor de las regiones y de la descentralización del país», Piñera cerrará en Valparaíso. Afirma (¿curándose en salud?) que quienes vayan al acto de la socialista asistirán a un recital y que, en todo caso, él prefiere seducir con artistas nacionales.

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