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Alrededor de un millón de personas se encontraban a primeras horas de ayer en las inmediaciones de la Plaza San Pedro, adonde intentaban llegar varios cientos de miles más por cualquier medio a su alcance, lo que, dadas las circunstancias, en la práctica se redujo al transporte público, o simplemente a la mera caminata.
Algunas de las principales calles de Roma, como Corso Vittorio Emmanuelle, quedaron cortadas al tráfico para permitir que las masas de fieles tuvieran una vía directa y segura de acceso al Vaticano, sin sufrir las molestias de los miles de vehículos que a diario transitan por esta vía, una de las más congestionadas de la capital italiana.
Una vez que llegaban a la fila, los fieles tenían por delante una larguísima espera, donde cada persona se ve en medio de una masa compacta, en la que el calor, los empujones y el cansancio causaron problemas como lipotimias y bajas de tensión y de azúcar.
Los servicios italianos de protección civil -que responden al gobierno ex comunista de la ciudad- trataron de paliar en la medida de lo posible las molestias de los peregrinos, a quienes proveyeron de agua embotellada.
Sin embargo, hubo gente a la que hacer fila no la arredró, sino que incluso la motivó para repetir la experiencia.
• Deber
Ese es el caso de un grupo de jóvenes de la ciudad italiana de Bolonia, que rindió tributo a Juan Pablo II en dos ocasiones, puesto que la primera vez no tuvieron bastante con esperar durante dos horas hasta verlo.
«Para nosotros, este papa es un santo. Ha comprendido a los jóvenes y estar aquí es un deber», dijeron los muchachos, genuinos representantes de lo que se ha dado en llamar «Papa boys». «La primera vez que hemos hecho la fila fue ayer (por el martes) por la mañana; tras haber pasado toda la noche viajando por carretera hasta llegar a Roma. Después, tuvimos la suerte de esperar sólo durante dos horas, pero prácticamente no pudimos verlo.
Entonces -dijeron-, nos miramos a los ojos y nos preguntamos: ¿tanto sacrificio para llegar a Roma?, así que, no lo pensamos dos veces y decidimos volver a hacer la fila desde el comienzo.»



