Roma, París y Viena (ANSA, EFE) - Buena parte de la zona del sudeste asiático castigada ayer por un sismo y un maremoto de gran violencia está dominada por complejos turísticos, que atraen en esta temporada de fiestas a numerosos turistas europeos. Así, sobre todo en Italia y Austria se pudo recoger testimonios aterradores sobre la ferocidad del fenómeno.
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Varios renombrados futbolistas italianos que pasaban sus vacaciones en alguno de los mil cien islotes que integran el archipiélago de Maldivas relataron su pánico y su estupor. «Vimos levantarse el mar tres o cuatro metros. Fue impresionante y temimos lo peor», declaró el defensor del Milan, Paolo Maldini, quien se encontraba con su familia en el aeropuerto de Male, capital del archipiélago. Maldini habló telefónicamente con radios y televisoras italianas cuando trataba de encontrar un vuelo que lo regresaraa su país. Pero el aeropuerto está por el momentocerrado y sólo su compañero del Milan, Alessandro Nesta, pudo embarcarse antes que la estación aérea fuese invadida por el aguas.
En la zona se encuentran también otros jugadores como el atacante del Milan Filippo Inzaghi, el defensor del Inter Marco Materazzi y algunos jugadores de la Juventus, como Gianluca Zambrotta y Gianluca Pessotto. Ninguno sufrió daños, se informó.
El turista francés Philippe Gilbert, que se encontraba en un hotel cerca de Tangalie, en el sur de Sri Lanka, dijo al canal privado LCI: «Perdí a mi nieta en todo esto. Una ola me arrastró. Tuve suerte de que había unos árboles y pude aferrarme a ellos».
En tanto, los operadores turísticos de Austria cifraron en «miles» el número de personas de esa nacionalidad que se encuentran en la zonas afectadas. Uno de ellos, Kurt Jost, relató que estaba desayunando con su pareja en la terraza de un complejo turístico a unos 20 metros de la playa en la isla tailandesa de Phuket y que instantes después debió luchar para no ser arrastrado mar adentro por el reflujo de la marea. «En cuestión de segundos teníamos el agua al cuello», declaró Jost. El golpe de agua lo arrastró 30 o 40 metros, hasta una mesa de billar. Desde allí vio el efecto del «tsunami» (ola gigante). «Muchos de los lugareños se han ido a las montañas y desde allí miran el mar. Esperan las réplicas. Se puede sentir en el aire el dolor de la gente, consciente de los muchos muertos, de la devastación, de los daños materiales. Se respira un ambiente terrible», añadió.