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Todd Willingham.
Su historia, detallada esta semana en una larga investigación del semanario The New Yorker, tiene todos los ingredientes clásicos de un error judicial: ausencia de peritajes, experto psiquiatra que describió a un "sociópata muy peligroso" sin haberlo visto nunca, testigos que modificaron sus declaraciones a favor de la acusación, abogados de oficio incompetentes.
Pero en un informe remitido en agosto a la comisión de ética de Texas, un reconocido especialista en escenarios de incendios concluye, al igual que los hiciesen en 2004 y 2006 otros dos especialistas, que el incendio fue accidental.
Todos afirman que el peritaje de entonces "no basa sobre nada más que un cúmulo de creencias personales, que no tienen nada que ver con una investigación científica de escenas de incendios".
"Este informe es devastador, el tipo de revelación que debería impactar a toda conciencia", escribe el New York Times, haciéndose eco de las decenas de editoriales publicadas desde que se diese a conocer el informe de peritaje.
La cuestión tiene un peso particular, cuando Troy Davis, un negro condenado por el asesinato de un policía blanco, espera su ejecución en Georgia (sudeste) mientras clama su inocencia. Tras escapar a tres ejecuciones previstas, obtuvo de la Corte Suprema en agosto que un tribunal examine nuevos elementos.




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