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Trump vinculó otra vez nacionalidad y raza y agravó el escándalo

El Partido Demócrata reaccionó con indignación y lo acusó de defender las posturas del supremacismo blanco estadounidense. Salvo una excepción, predominó el silencio en el Republicano.

Washington - En medio de una tormenta política, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió ayer un tuit en el que aconsejó a cuatro legisladoras latinas o negras que volvieran a sus “países rotos e infestados de crimen” y dijo que la ola de acusaciones de racismo que recibió debido a ello no lo preocupaba porque “mucha gente” coincide con sus comentarios.

Trump respondió preguntas en la Casa Blanca sobre esa referencia contra las congresistas, todas ciudadanas estadounidenses y tres de ellas nacidas en el país, que fue criticado por decenas de legisladores demócratas y hasta por los líderes de Canadá y el Reino Unido (ver aparte), aliados valiosos de Washington, pero por casi ningún dirigente republicano.

El presidente, con expresiones infrecuentes en Estados Unidos desde hacía décadas, pareció vincular el derecho a la nacionalidad con la condición de ser racialmente blanco y ratificó ayer sus dichos al afirmar que si las legisladoras “odian a nuestro país”, entonces “pueden irse”.

“Si no están felices en Estados Unidos, si se están quejando todo el tiempo, pueden irse, pueden irse ya”, señaló ante los periodistas.

La condena por los comentarios “no me preocupa, porque mucha gente está de acuerdo conmigo”, agregó.

Más temprano, por Twitter, el presidente había redoblado sus críticas a las contestatarias legisladoras demócratas, que, tras llegar al Congreso este año, se convirtieron en voces muy influyentes en el movimiento progresista de Estados Unidos y en fuertes críticas de la política migratoria del mandatario republicano.

“Si los demócratas quieren unirse en torno a las expresiones repugnantes y el odio racista que escupen las bocas y acciones de estas congresistas tan impopulares y que no representan (al pueblo), será interesante ver cómo les salen las cosas”, escribió Trump en su cuenta.

El presidente echó así leña al fuego de la polémica que había comenzado la víspera, cuando preguntó en un tuit “por qué esas legisladoras no vuelven a sus países y ayudan a arreglar los lugares completamente rotos e infestados de crimen de donde vienen”.

El mandatario se refería a un grupo de legisladoras de la Cámara de Representantes, conocidas popularmente como “El Escuadrón”, formado por Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Rashida Tlaib y Ayanna Pressley.

Todas ellas son ciudadanas estadounidenses, y tres de ellas nacieron en Estados Unidos: Ocasio-Cortez en Nueva York, Tlaib en Detroit y Pressley en Chicago.

Omar nació en Somalia, pero obtuvo la ciudadanía estadounidense cuando era adolescente, tras haber llegado como refugiada junto a su familia.

Pero las raíces puertorriqueñas de Ocasio-Cortez, las palestinas de Tlaib y las somalíes de Omar le bastaron a Trump, quien busca su reelección en 2020, para exigir que las congresistas volvieran “a sus países”, incluso cuando Puerto Rico es un Estado asociado a Estados Unidos.

En el campo demócrata, esas definiciones provocado un verdadero terremoto, que se expresó en condenas de un centenar de congresistas, incluida la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y las propias agredidas.

“Es importante notar que las palabras del presidente son una marca registrada del lenguaje de los supremacistas blancos”, escribió Ocasio-Cortez en Twitter.

“Ningún matón, ni siquiera este presidente racista, detendrá el trabajo que hacemos”, tuiteó Tlaib, por su parte.

Omar, en tanto, le recordó a Trump que “al único país” al que le hicieron “un juramento es Estados Unidos”.

Entre los pocos legisladores oficialistas en condenar los dichos de Trump estuvo el único senador republicano afroestadounidense, Tim Scott, quien repudió los “ataques personales inaceptables y lenguaje racista y ofensivo”.

No es la primera vez que Trump es acusado de visiones racistas. Al lanzar su campaña, en 2015, dijo que muchos inmigrantes mexicanos eran “violadores”.

El año pasado, durante una reunión en la Casa Blanca, se preguntó por qué Estados Unidos admitía tantos inmigrantes de “países de mierda” como los de África.

Además, presentó a los inmigrantes que están llegando como una “infestación” y demoró en condenar actos de violencia de supremacistas blancos. Más atrás, inició su carrera política defendiendo la afirmación falsa de que el expresidente Barack Obama no había nacido en Estados Unidos.

Agencias Télam y ANSA

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