30 de julio 2004 - 00:00

El desafío pasa ahora por mostrarse moderado

Washington - Los partidarios de John Kerry creen que su candidato a la Casa Blanca tiene un claro historial de hombre «de centro», pero tendrán que luchar para impedir que los republicanos le cuelguen la peligrosa etiqueta de «liberal yanqui».

En términos políticos, el senador representa a Massachusetts y sus posiciones reflejan el progresismo del estado que, por ejemplo, es el único donde los homosexuales pueden contraer matrimonio. Se opone a la pena de muerte -excepto para terroristas-, es un defensor del medio ambiente y rechazó una enmienda para convertir en delito la quema de la bandera.

Sin embargo, no ocupa el extremo izquierdo de su partido, donde están instalados el ex aspirante a la presidencia Howard Dean, el cineasta Michael Moore y el mismísimo senador Edward Kennedy. Kerry ha votado a favor de medidas para restringir el déficit público y para limitar el tiempo que los pobres pueden recibir ayudas del Estado, pues considera que éstas fomentan una cultura de dependencia.

En su campaña, Kerry ha explotado su pasado, especialmente su brillante carrera militar en Vietnam, así como su larga experiencia en el Senado, que contrasta con el breve currículo de servicio militar y público de su contrincante, George W. Bush. Pero no ha definido claramente su pasado y su identidad política, y los republicanos se afanan en hacerlo por él.

«No ha sido audaz y decidido. Parece un tipo que consulta las encuestas antes de decidir su posición y eso es mortal políticamente», especialmente cuando quiere desbancar a un presidente en tiempo de guerra y con una economía en alza, según explicó Alan Lichtman, profesor de Historia de American University.

• Crítica afilada

El Partido Republicano no ha tardado en lanzar contra él la crítica más afilada de su arsenal: ha denominado a la plataforma electoral de Kerry y el senador John Edwards como «la más liberal en la historia de Estados Unidos». Esto connota una de defensa radical de los derechos y las libertades individuales que se ha desvirtuado en Estados Unidos y ahora el apelativo es lo más similar a un insulto en la jerga política local.

Sólo 20% de los votantes se identifican como «liberales», una palabra que lleva asociadas las ideas de un gobierno paternalista y del elitismo cultural. La acusación de «liberal» con su connotación negativa podrá pegársele «si los votantes lo ven como un tipo que sube los impuestos y gasta», dijo David Brady, subdirector del Instituto Hoover, un centro de estudios independiente.

Kerry es vulnerable a esa acusación, no sólo por sus votos a favor del aborto y las uniones civiles de homosexuales, sino por su propia extracción: es un miembro de la flor y nata de Nueva Inglaterra, cuyos habitantes son los verdaderos «yanquis» y tienen fama de presuntuosos en el resto del país.

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