El "limbo" ya no existe, según una nueva decisión de la Iglesia
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"Cristo en el Limbo", obra del pintor alemán renacentista Friedrich Pacher
El presidente de la Comisión, cardenal William Levada, presentó el 19 de enero el documento al Papa, quien lo aprobó y autorizó su publicación.
La misericordia de Dios, consideró el texto, "quiere que todos los seres humanos sean salvados", y la Gracia se impone sobre el Pecado, por lo cual la exclusión de niños del Paraíso no refleja el amor de Cristo.
En este sentido, el documento sostuvo que el pecado original como tal, sin ser borrado por el bautismo, no puede imponerse a la misericordia de Dios.
El bautismo, según la fe católica, borra el pecado original en el camino de la salvación, por lo cual el limbo, palabra que significa borde o frontera, fue concebido como un lugar donde permanecían las almas sin anulación de esa instancia de culpabilidad inherente a la existencia.
"Nuestra conclusión es que muchos factores que hemos considerado dan serias bases teológicas y litúrgicas a la esperanza de que los niños muertos sin bautismo sean salvados y gocen de la visión beatífica", sostuvieron los expertos.
El texto de 41 páginas lleva el título "La esperanza de la salvación para los niños que mueren sin ser bautizados" y fue elaborado por la Comisión de 30 miembros.
Los niños, sostuvo el nuevo documento, "no ponen obstáculo personal alguno en el camino de la gracia redentora".
"Dios -afirmó el texto- puede siempre dar la gracia del bautismo incluso sin que sea conferido el sacramento y esto debe ser considerado en particular cuando el bautismo fuese imposible".
La Iglesia había dejado de lado el concepto de limbo, pero la transmisión de la doctrina no tenía resuelta la forma de definir el destino de las almas sin bautizar, pero al mismo tiempo sin comisión de pecado.
De todos, como categoría en la transmisión de la doctrina fue retirada del catecismo en 1992.
La Comisión sostuvo, en este sentido, que "la gente encuentra siempre más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso, pero excluya a los niños, que no tienen pecado personal, de la felicidad eterna".
"En particular los padres experimentan dolor y sentido de culpa si dudan que sus hijos no bautizados están con Dios", agregó.
El documento establece, además, que se trata de una cuestión sin respuesta "explícita" en los textos sagrados y en la tradición.
Los textos de San Agustín en el Siglo V se referían al infierno como destino de las almas sin bautismo.
Los escolásticos y Santo Tomás de Aquino modificaron esa concepción y crearon la instancia del "limbo", donde los niños son privados de la visión de Dios, pero sin afrontar sufrimientos ya que no tiene conciencia de ella.
En 1984, Joseph Ratzinger, consideró necesario disolver esa categoría en la doctrina porque, dijo, "siempre fue sólo una hipótesis teológica".
En este punto, Ratzinger coincidía con numerosos integrantes de la Iglesia sobre la necesidad de "dejar caer" ese espacio, estimado además como un "no-lugar", concebido como una "eternidad" privada de la visión de Dios.
El documento que estableció la abolición formal del limbo se refiere en sus 41 páginas a cuestiones claves para la doctrina católica, como la necesidad del bautismo, el concepto de pecado original, la voluntad de Dios para la salvación y los valores de los sacramentos.




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