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Benedicto XVI durante su visita a la Juden Platz, el monumento que recuerda a los muertos por el Holocausto.
Una vez en la Juden Platz, el Papa rezó en silencio durante unos diez minutos.
Aunque no pronunció palabra, su rostro revelaba su emoción.
Esa emoción también se vio en los rostros de los dirigentes de la comunidad judía de Viena, satisfechos por la acción del Papa.
Esta no es la primera vez que Benedicto XVI expresa sus sentimientos de cariño hacia la comunidad judía, que durante el nazismo vio como ese régimen mató a 65.000 judíos austríacos.
En agosto de 2005, durante su visita a Colonia (Alemania) visitó la sinagoga y en mayo de 2006, durante su visita a Polonia, visitó los campos de concentración y exterminio nazi de Auschwitz y Birkanau, en los que condenó duramente el nazismo y pronunció una frase que pasará a la historia: "¿Donde estaba Dios en aquellos días, Por qué calló, Como pudo tolerar ese exceso de destrucción, ese triunfo del mal?".
Tras el homenaje de ayer a los judíos austríacos, el Papa se entrevistó con el presidente, Heinz Fisher, y pronunció un importante discurso ente el mandatario, el canciller, Alfred Gusembauer, el gobierno, el Parlamento y el Cuerpo Diplomático acreditado en Viena.
En su denso discurso, el Papa alemán arremetió contra el aborto y en un país donde algunos grupos conservadores abogan por volver a penalizar el aborto y la izquierda pretende quitar de la legislación la palabra que lo considera una "injusticia" aunque lo acepta.
Benedicto XVI defendió el derecho a la vida, "desde su concepción hasta su fin natural".
"El aborto, por consiguiente, no puede ser un derecho humano, es lo contrario. Es una profunda herida social", aseguró el Obispo de Roma.
Benedicto XVI agregó que "no cierra los ojos" ante los problemas y conflictos que viven muchas mujeres y que la credibilidad del discurso de la Iglesia contra el aborto depende "de lo que la Iglesia misma haga para ayudar a esas mujeres en dificultad".
Además del aborto, también condenó la eutanasia y dijo que la respuesta "justa" al sufrimiento en el final de la vida es el cuidado "amoroso" y la medicina paliativa.
El Papa también habló de la globalización y urgió a Europa a mantener sus raíces cristianas.
"Ellas son un componente dinámico de nuestra civilización para el tercer milenio. El cristianismo ha modelado este continente y de ello dan testimonio todos sus países", afirmó.
Respecto a la globalización dijo que es "una obligación urgente y una responsabilidad de la política" dar a la misma ordenamientos y límites, para "evitar que se logre a costa de los países más pobres".
Sobre la Europa política expresó su satisfacción por el hecho de que "tras los horrores de la guerra y la experiencia traumática del totalitarismo y la dictadura", se encamine hacia la unidad, pero precisó que si la división se ha superado, "la unidad aún no se ha logrado en la mente y corazón de las personas".
El Papa Ratzinger también denunció los "caminos equivocados" que ha tomado Europa en diferentes épocas y que la han hecho "sufrir", entre los que destacó "restricciones ideológicas de la filosofía, de la ciencia y de la fe, el abuso de la religión y la razón con objetivos imperialistas".
También subrayó la "degradación del hombre mediante un materialismo teórico y práctico y la degeneración de la tolerancia en un indiferencia hacia los valores permanentes".
Benedicto XVI se trasladará hoy a Mariazell, a 150 kilómetros de Viena, para conmemorar los 850 años de la fundación de ese santuario centro del catolicismo centroeuropeo, que es el motivo de su viaje de tres días a Austria.




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