25 de septiembre 2006 - 00:00

El riesgo de Chávez, "el matón petrolero"

«The Washington Post» es uno de los diarios estadounidenses más críticos hacia George W. Bush, pero no por ello dejó de denostar el agresivo discurso de Hugo Chávez de la semana pasada en la Asamblea General de la ONU. En un editorial de ayer («Huracán Chávez: ¿Qué es peor para la seguridad energética, un desastre natural o un matón petrolero?»), cuyos principales tramos se transcriben a continuación, explica que, más allá de las bravatas del presidente venezolano contra EE.UU., quienes realmente deben temer a su gobierno son los propios venezolanos.

Hugo Chávez consiguió la atención que anhela al comparar al presidente Bush con Satanás la semana pasada. Pero el absurdo discurso del líder venezolano puede resultar menos amenazante que su igualmente absurda incompetencia.

Desde que Chávez tomó el poder hace siete años, Venezuela ha manejado su petróleo de modo tan desastroso que la producción puede haber caído casi a la mitad, según estimaciones externas, reduciendo la oferta petrolera global en algo más que 1%.

Junto con los desastres naturales y los rebeldes de Nigeria, la ineptitud de Chávez ha contribuido a los altos precios de la energía. Requiere una determinación sostenida reducir tanto la oferta, y Chávez la ha tenido. El heredó una compañía petrolera nacional competente que produjo tres veces más por trabajador que su equivalente mexicana. Pero la mató de hambre de capital de inversión y envió a amigotes políticos ignorantes para supervisarla.

Cuando este abuso provocó una huelga, Chávez echó masivamente personal, librándose de dos tercios de los empleados y managers expertos.

Chávez imagina que puede dañar a los Estados Unidos redirigiendo el petróleo venezolano hacia otros mercados. No puede entender que el petróleo es fungible: si el crudo de Venezuela es vendido a los chinos, éstos comprarán menos a otros proveedores, liberándolos para los consumidores de EE.UU.

Pero Chávez también parece haber olvidado las dificultades técnicas de enviar petróleo del otro lado del mundo en lugar de venderlo en su propio hemisferio.

Los buques petroleros no son baratos, y China tendrá que construir refinerías especiales para procesar los crudos pesados que produce Venezuela. A pesar de lo vociferado por Chávez sobre la posibilidad de triplicar las exportaciones a China en tres años, Venezuela dependerá de los consumidores yanquis en el futuro previsible.

  • Irritante

    Con respecto a si el discurso salvaje de Chávez estimula los sentimientos antiestadounidenses, hay que decir que es irritante. Si él se asegura un asiento temporal en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como espera hacerlo el mes próximo, sin duda hará la diplomacia de la ONU aún más desafiante de lo ya es.

    Con todo, no son los Estados Unidos sino los propios concuidadanos de Chávez quienes más deben temer sus intenciones. Los tribunales de Venezuela, las organizaciones de medios de comunicación y los grupos de la sociedad civil han sido intimidados hasta la sumisión, y Chávez está hablando de un cambio constitucional que le permitiría permanecer en el poder indefinidamente. «La gente no debe ser privada de su derecho si desea reelegir a un compatriota, quienquiera que sea, tres, cuatro, cinco, seis veces», dijo recientemente.
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