Londres (EFE, ANSA, AFP) - El clérigo radical islámico Abu Hamza fue condenado ayer a siete años de cárcel por incitar en sus sermones al asesinato de no musulmanes y judíos, y por otros cargos relacionados con el terrorismo.
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Hamza, de 47 años y origen egipcio, aunque tiene nacionalidad británica, estaba acusado de quince delitos por las autoridades del Reino Unido y se lo declaró culpable de once, entre ellos incitación al odio racial y posesión de un manual de terrorismo. El clérigo también tiene pedidos de extradición desde Estados Unidos, donde se lo acusa de haber participado en el secuestro de 16 turistas en Yemen en 1998, lo que provocó la muerte de 4 rehenes.
Aunque a Hamza no se le imputa en el Reino Unido ninguna vinculación a un acto de terrorismo en concreto, su caso es emblemático en la jurisprudencia británica porque se trata de una condena por incitación a prácticas terroristas.
• Deber moral
El juez instructor del caso, Anthony Hughes, miembro del tribunal penal de Old Bailey (centro de Londres), afirmó en su sentencia que el imán «ayudó a crear un ambiente en el que matar era considerado por algunos no sólo como algo legítimo, sino un deber moral y religioso para conseguir la justicia».
«Nadie sabe ahora qué daño pueden haber causado sus palabras. Nadie puede decir si su audiencia, presente (en los discursos) o más amplia, actuó según sus palabras», le dijo el juez a Hamza, flanqueado por varios guardias e impertérrito ante el veredicto.
El imán se hizo conocido en el Reino Unido por sus diatribas contra Occidente predicadas en la mezquita de Finsbury Park, en el norte de Londres, hasta mayo de 2004, cuando fue detenido por la brigada antiterrorista de Scotland Yard en su casa del oeste de la capital. Entre los feligreses que iban a ese templo se destacan Richard Reid, el « terrorista del zapato», condenado en 2003 en EE.UU. a tres cadenas perpetuas por intentar hacer estallar un avión en pleno vuelo sobre el Atlántico cuando viajaba de París a Miami con 197 personas a bordo.
Hamza, que nunca ocultó su admiración por el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, estaba acusado además por reclutamiento de personal para matar «infieles» en reuniones públicas, especialmente judíos, y de posesión de un manual para cometer atentados, señalando incluso como posibles blancos a varias ciudades de Occidente.
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