En Perú crece el temor de actos de violencia el día de los comicios
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Seguidores de Ollanta Humala salieron a las calles para apoyar
a su candidato. A menos de cuatro días de la definición del
ballottage peruano, el debate giró en torno a la posibilidad de
que se originen hechos de violencia. El candidato Alan García gestualiza durante una conferencia de prensa. Las
últimas encuestas le dieron una diferencia importante sobre su rival, Ollanta
Humala.
Según el diario «El Comercio», el más influyente y prestigioso de Perú, las palabras de Toledo acerca de «algún alboroto pagado para el 4 de junio» responden a «indicios detectados por la Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior, los que señalan que en nueve provincias del país se están preparando una suerte de revueltas pagadas, en la eventualidad de que los resultados sean desfavorables a Humala».
En ese sentido, se está investigando, afirma «El Comercio», el incremento del ingreso de venezolanos registrado en los últimos dos meses. «De ellos, unos 140 se estarían encargando de hacer los contactos con dirigentes comprometidos en la causa humalista para involucrarse en los posibles desmanes con una bonificación de 100 soles», unos 30 dólares per cápita, agregó.
Puntualmente, ayer se hablaba de un vuelo «que ha llegado con venezolanos. Migraciones los tiene controlados y chequeados, pero no sabemos si ellos tienen la intención» de sumarse a hechos de violencia, dijo el ministro de Defensa, Marciano Rengifo. Ante esto, Chávez respondió desde Caracas que el avión en cuestión estaba ocupado por peruanos que viajaron desde Venezuela para votar, versión que difiere de la del gobierno peruano.
El venezolano ha insultado de todas las maneras posibles a Toledo y a García, y hasta aseguró que romperá relaciones con Perú si éste se impone como futuro presidente. Acaso envalentonado por la llegada al poder de Evo Morales, algo que, curiosamente, considera una victoria personal, actúa como si pretendiera que los comicios del domingo se conviertan en un plebiscito sobre su figura. Está volcado tan torpemente a la campaña humalista que no es consciente del profundorepudio que su injerenciadesató entre la población. Una paradoja: el nacionalismo de los peruanos podría terminar perjudicando al candidato que enarbola esa ideología. Esto es así al punto que el propio Humala intentó en los últimos días tomar distancia de su incómodo padrino caribeño.
«Lo digo públicamente y le transmito esto al señor Chávez y a cualquier presidente que quiere intervenir en un proceso interno del Perú, que por favor se abstengan de intervenir en el Perú», declaró Humala. Mientras su rival se encontraba otra vez a la defensiva, Alan García se dio el lujo de interrumpir, al menos de su lado, la brutal guerra sucia en que la campaña derivó en los últimos días. Así, en una conferencia de prensa con los enviados extranjeros señaló que, gane o pierda el domingo, buscará a su rival «para conversar», una tarea que no será sencilla tras los insultos que se han cruzado últimamente.
El socialdemócrata, favorito según las encuestas, buscará el domingo una de las resurrecciones políticas más espectaculares de que se tenga memoria en la región.
Según dijo, espera el ballottage con una «extraña tranquilidad» y aprovechó para desmentir las acusaciones de Humala de que tiene acordado un pacto de impunidad con Vladimiro Montesinos, el monje negro del gobierno de Alberto Fujimori, hoy preso bajo graves cargos.
Con todo, dentro de esa «tranquilidad» dejó una definición de dureza: podría disolver el nuevo Congreso si éste, donde su partido, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) no tendrá mayoría (podría verse bloqueado por una unión de humalistas y fujimoristas), «no está a la altura» de las circunstancias. «El pueblo peruano exige que la clase política cambie, está al borde de gritar que se 'vayan todos'. Hay que eliminar privilegios para destinar ese dinero a salud y educación».




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