20 de marzo 2007 - 00:00

Entre la muerte y penurias cotidianas

Entre la muerte y penurias cotidianas
Bagdad - La crisis que atraviesa Irak después de la caída del régimen de Saddam Hussein hace cuatro años ha convertido la vida cotidiana de los iraquíes en un infierno insoportable de peligros y escasez.

Tras cuatro años de ocupación, los sueños de los iraquíes de vivir en un país democrático, multicultural y no basado en la división étnica se han convertido en un simple espejismo, según explicaron varios ciudadanos iraquíes en el cuarto aniversario de la invasión.

Cortes de electricidad, montañas de basura por las calles, restoranes y cafés desiertos... La vida en Bagdad y otras ciudades de Irak es cada vez más difícil, aun sin tomar en cuenta la omnipresente violencia.

«El resultado de los cuatro años de ocupación ha sido una catástrofe para todos los iraquíes, que tienen que enfrentarse a un futuro vago e incierto y a una vida desesperada», declaró el sociólogo Sarmad Abdelrahman.

Los padres están extremadamente preocupados por la seguridad de sus hijos desde el momento en el que entran en las escuelas, institutos o facultades, expuestos a los escuadrones de la muerte y a los coches bomba.

  • Peligros

    «Desde el momento en que los niños salen de casa empezamos a preocuparnos. Tenemos que acompañarlos hasta que llegan a su destino y también en su vuelta», asegura Abu Rania, residente del barrio sunnita de Al Gama (Universidad) al oeste de Bagdad.

    «El camino a los centros educativos está lleno de peligros, incluidos los coches bomba, los secuestros y los tiroteos», afirma Rania. Por su parte, Fatima Husein, madre de una niña de 12 años del barrio chiita de Bayaa en el sur de Bagdad, asegura que está «preocupada todo el tiempo desde que Alia (su hija) sale de casa para ir al colegio».

    La mayoría de los iraquíes consultados han sido unánimes en su valoración de la situación post-Saddam y aseguran que los ha sumido en una tragedia que no esperaban.

    Los servicios básicos, que el régimen de Saddam garantizaba de forma modélica -a cambio de una terrible represión-son ahora un lujo: sólo hay suministro cuatro horas al día en Bagdad, y la basura se amontona por las calles porque los grupos insurgentes ya han matado en varias ocasiones a trabajadores encargados de retirarla.

    La única forma de tener electricidad es mediante generadores de gasoil, cuyo ruido atronador invade barrios enteros, y eso cuando no llega algún grupo insurgente y obliga a apagarlo.

    En el capítulo de los suministros, los iraquíes también están teniendo problemas. «Estamos privados de algunos productos básicos sometidos a racionamiento en el régimen anterior», según Saad Abdelhadi, vendedor de una tienda de alimentación del barrio sunnita de Al-Amel, en el oeste de Bagdad.

    «Los productos básicos que están en la cartilla de racionamiento son azúcar, té, arroz y harina, pero no los recibimos de forma regular y es muy difícil ir a buscarlos por la falta de seguridad», agrega. «Esta situación de peligro obliga a mucha gente a comprar en el mercado negro», afirma.

  • Esperar

    Lo mismo sucede con el suministro de nafta y otros derivados del petróleo, a pesar de que Irak es uno de los miembros más importantes de la OPEP y el segundo país con más reservas de petróleo después de Arabia Saudita.

    «Tenemos que esperar tres o cuatro horas, a veces incluso más, para llenar nuestros tanques de nafta y para comprar algunos productos», según el taxista Yauad Samerrai. «No te puedes sentir seguro cuando te desplazas en transporte público. Los suicidas a menudo se inmolan entre los pasajeros», aseguró un ciudadano iraquí que pidió anonimato.

    Los lugares de ocio, restoranes y cafés, han ido cerrando uno tras otro: la inseguridad y el miedo los ha vaciado de clientes, y muchos iraquíes no tienen ánimo ni siquiera para desplazarse en coche a visitar a sus parientes, por miedo a los falsos controles de carretera.

    La famosa calle de Abu Nawas, junto al Tigris, antaño centro de la vida social bagdadí, está ahora pavorosamente vacía, y sólo transitan por ella quienes se ven obligados a entrar en la fortificada Zona Verde. Bagdad lleva ya más de un año sometida al toque de queda desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana.
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