Escándalo por una cámara oculta en cumbre europea
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«¡Son todos unos delincuentes!», se vio decir muy despectivo y casi a los gritos al presidente ruso Vladimir Putin, en referencia a los periodistas mientras se despedía de Rasmussen tras una reunión. Claro, no sabía que estaba siendo filmado.
Pero es el propio Möller quien sale más perjudicado, ya que en varios fragmentos del documental sufre desplantes de un primer ministro que no duda en darle la espalda en mitad de una conversación o ignora sus opiniones durante una reunión con sus colaboradoresmás cercanos. Los diarios daneses de los días previos a la emisión del programa hicieron revelaciones de los empleados de la televisión, quienes aseguraron que el propio Rasmussen había ordenado que cortaran una escena en la que mantiene un durísimo enfrentamiento verbal con su canciller.
El periodista que siguió a Rasmussen con la cámara oculta es Christoffer Guldbrandsen, un popular reportero de 32 años que trabaja en la televisión pública.
El documental, titulado «Fogh detrás de la fachada», fue emitido el martes a la noche después de varios días de intensos rumores y preocupados comentarios sobre su contenido. Y fue todo un éxito, captando 36% de la audiencia.
El escándalo se hizo todavía mayor cuando se supo que el propio primer ministro dio personalmente su visto bueno a la versión final del programa.
El video provocó las primeras tensiones dentro de una coalición de gobierno liberal-conservadora, que en un año y medio de gobierno, parecía vivir una constante luna de miel por el trato que el conservador Möller recibe del liberal Rasmussen.
El titular de Exteriores se mostró especialmente molesto porque no supo que las cámaras estaban registrando el sonido de la conversación y porque tampoco se le dio la oportunidad de examinar el reportaje antes de su emisión.
En América latina también hubo ejemplos de dirigentes políticos acostumbrados a grabar sus conversaciones reservadas, aunque lo hacían -a diferencia de este caso-con fines extorsivos. Eso hacía, por caso, el ex ministro del Interior de Bolivia, Antonio Arguedas (el que entregó las manos del «Che» Guevara) y, más recientemente, el jefe de inteligencia peruano Vladimiro Montesinos.



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