9 de octubre 2018 - 00:00

“Esperamos que, tras las elecciones, se discuta el ajuste fiscal”

El gerente ejecutivo de Política Económica de la central brasileña evitó respaldar a alguno de los dos candidatos y se centró en la agenda del sector. Dudas sobre la apertura comercial irrestricta que propone el favorito.

NEUTRAL. Flávio Castelo Branco afirmó que la Confederación Nacional de Industrias no tiene un favorito entre Bolsonaro y Haddad.
NEUTRAL. Flávio Castelo Branco afirmó que la Confederación Nacional de Industrias no tiene un favorito entre Bolsonaro y Haddad.
Brasilia (enviado especial) - "Evidentemente, muchas personas ligadas al sector industrial se manifestaron en lo individual a favor de Jair Bolsonaro, pero no las organizaciones y yo no puedo expedirme como vocero sobre esas cuestiones. La Confederación Nacional de la Industria no se manifiesta a favor del candidato A, B o C, se manifiesta a favor de una agenda y de un programa de gobierno", le dijo a Ámbito Financiero el gerente ejecutivo de Política Económica de la entidad, Flávio Castelo Branco.

La CNI comprende a las federaciones de los 26 estados de Brasil y del Distrito Federal, por lo que expresa una trama de intereses más compleja e interesante que, por ejemplo, la de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), que forma parte de ella. Así, del lenguaje de apertura comercial irrestricta que se ha impuesto en los últimos años en la FIESP encuentra aquí matices, los que dan cuenta más acabadamente de la diversidad de intereses existente en este país.

A continuación, los principales tramos de la entrevista concedida en una sala de reuniones del edificio Roberto Simonsen, sede de la CNI, en esta ciudad.

Periodista: ¿Cuál es hoy el programa de la CNI?

Flávio Castelo Branco: La CNI tiene un compromiso con una agenda de transformación de la economía, volcada al equilibrio macroeconómico, con el tema fiscal como un tema hoy dominante, y a la competitividad. En los últimos años, hemos perdido mucho en términos de competitividad. En primer lugar, debido a un bajo crecimiento general de la productividad y por cuestiones que afectan el ambiente de negocios, como un sistema tributario antiguo y lleno de distorsiones, asuntos relacionados con la logística y la infraestructura que necesitan un volumen muy grande de inversiones. En ese sentido, el modelo de inversiones vía Estado que se había intentado ya no tiene condiciones de sustentarse por la fragilidad de las cuentas públicas.

P.: ¿Qué impacto tiene el proceso electoral en la búsqueda de esos objetivos?

FCB.: El resultado de las elecciones obviamente va a tener un impacto político, pero más adelante la atención se va a volcar a la agenda económica de quien resulte vencedor. Las discusiones (de campaña) no han sido muy profundas en lo económico porque la sociedad no está tan atenta a eso, a pesar de que el desempleo está en un nivel bastante elevado. El foco no está puesto por el momento en aumentar el empleo, en crecer más, sino en la corrupción, en la violencia y la seguridad pública. Esto es lo que movilizó al electorado, pero posiblemente en el segundo turno y, seguramente, después de las elecciones, la discusión sobre el ajuste económico va a tener lugar.

P.: Brasil viene de una etapa políticamente turbulenta, que incluyó la destitución de una presidenta, denuncias de corrupción permanentes y el encarcelamiento por esa causa de otro exmandatario. ¿ Los antecedentes autoritarios y el estilo de Bolsonaro no son otro motivo de preocupación para el empresariado? ¿El imperio de las libertades públicas no es eso importante para un ambiente sano de negocios?

FCB.: La CNI está comprometida con la legalidad, con las relaciones democráticas, y siempre fue muy activa en la defensa de los intereses del sector industrial ante las instituciones del país. El régimen democrático ha funcionado en Brasil en los últimos 30 años y creemos que no se va a ver afectado. Sin embargo, como le dije antes, no nos expresamos acerca de candidatos individuales.

Polarización

P.: Permítame plantear el tema de otro modo. ¿El clima de confrontación, que también es social, es inocuo para el ambiente de negocios?

FCB.: No y eso genera cierta preocupación. La salida de la crisis (económica) no está pavimentada y tenemos cuentas públicas que no están totalmente bajo control. Entonces hace falta avanzar en reformas como la previsional y la tributaria, y eventualmente una política, lo que va a exigir más acuerdo que conflicto. No olvide que todas esas reformas son enmiendas que necesitan el 60% de los votos en cada cámara. Por eso, el nuevo presidente va a tener que encontrar la forma de operar con las fuerzas políticas y sociales para realizar ese proceso que necesitamos.

P.: Después de varios años de operación Lava Jato y de constantes revelaciones sobre hechos de corrupción, ¿cómo describiría al respecto el momento de Brasil?

FCB.: El problema de la corrupción hace a una demanda muy clara de la sociedad y eso se vio en la elección. Esa insatisfacción provocó que la sociedad brasileña asocie mucho esos casos con los problemas fiscales, pero eso está magnificado. Es prácticamente imposible eliminar la corrupción, pero tiene que ser reducida. Ahora bien, eso no es lo que va a arreglar las cuentas públicas. Por ejemplo, a Petrobras le hizo mucho más daño el control de los precios de los combustibles (ndr: en el Gobierno de Dilma Rousseff) que la propia corrupción. Vuelvo a decir que la corrupción no se puede justificar, pero para resolver el desequilibrio fiscal lo que necesitamos son reformas.

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