San Pablo - A ocho días de la victoria, el «estilo Lula» ya se está delineando: el presidente electo de Brasil se presenta como el nuevo «padre de los pobres», teme la soledad del poder, entiende la política como el arte de negociar, no le gustan las presiones, se mete en todo y le encanta la TV.
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En sus primeros días como presidente electo, Lula Da Silva reforzó su relación con la gente y varias veces escapó al cerrojo de seguridad para saludar efusivamente a sus partidarios, en un claro contrastre con el estilo sobrio y distante del mandatario actual, Fernando Henrique Cardoso. «Me pone mal salir de una actividad cualquiera y no poder saludar a la gente. Habrá una lucha entre mi voluntad de abrazar a las personas y el ritual exigido», explicó Lula Da Silva.
Lula también definió cuál será su principal misión: «Voy a cuidar de los pobres como si fueran mis hijos», en una nueva versión del famoso «padre de los pobres» que identificaba al ex presidente Getulio Vargas, quien dominó la política local entre 1930 y 1954, cuando se suicidó, y es considerado un populista por la izquierda: su identificación con Lula Da Silva sigue siendo furiosamente rechazada por los intelectuales del Partido de los Trabajadores. «Lula tiene un partido detrás, una educación política y una experiencia sindical», afirmó Marilena Chaui, profesora de Filosofía. Otros intelectuales piensan distinto: «Lula es un político interactivo, que reaviva el mesianismo católico», señaló José de Souza Martins, sociólogo.
En su raid por los estudios televisivos de la última semana, Lula lloró varias veces, por ejemplo, cuando sus entrevistadores le recordaban a su madre, Doña Lindu, ya fallecida, o su infancia llena de privaciones. Mientras la gente lo siente como uno de los suyos, los analistas creen descubrir lo que vendrá: el hombre piensa utilizar su capital político todo lo que pueda. Es que en las elecciones, a Lula (52 millones de votos en la segunda vuelta) le fue mucho mejor que al Partido de los Trabajadores, que sólo ganó tres estados de un total de 27 y perdió en Rio de Janeiro, Rio Grande do Sul y Amapá, donde ya gobernaba.
El izquierdista confirmó que no le gusta la soledad del poder: «Yo tengo miedo de la soledad. Prefiero rodearme de asesores especializados». Otra de sus características es que le molestan las presiones, tanto del mercado financiero, que quiere oír el nombre de su futuro ministro de Economía, como de los dirigentes del PT, que están ansiosos por cargos.
Además, nada de lo humano le es ajeno. En los últimos días de campaña, por ejemplo, fue a saludar al senador Eduardo Suplicy, quien se recuperaba de una intervención quirúrgica: «Quiero aprovechar para decirles a todos los hombres de más de 40 años que no tengan vergüenza y vayan al médico a examinarse de la próstata», señaló.
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